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Las Sorpresas Gozosas de Dios
por la Hermana Verónica A. Fajardo, CSC |
"No temas, porque yo te he rescatado: te he
llamado por tu nombre, tu eres mía." (Isaias
43:1)
"¿Cómo supiste? ¿cuándo supiste que ser religiosa era tu
llamado? ¿que no puedes servir a la iglesia sin hacerte monja?"
Estas son algunas de las preguntas que me hacen mis familiares y
amistades. Normalmente sonrío un poco pero no puedo contestar con una
sola respuesta ya que me tomó tiempo poder descubrir mi vocación a
la vida religiosa.
Siempre he estado consiente de que Dios ha estado presente en mi
vida de una manera especial y muy real. Al recordar mi historia creo
que solo el hecho de estar viva es un regalo y un milagro.
Nací en Granada, Nicaragua. Soy la
menor de tres hijos. Mi hermana es tres años mayor que yo y mi
hermano es once meses mayor que yo.
Yo soy la hija a quien llaman
la hija ¡sorpresa! |
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1977
– Verónica (centro) y su familia en León, Nicaragua. |
Mi mamá y papá no habían planeado tener otro bebé tan pronto
después de mi hermano. "¿Qué voy hacer?" dijo papá
"Acabamos de tener un niño y todavía no me he alivianado de esa
deuda." El doctor le respondió diciendo, "Pues si usted
quiere yo le puedo poner una inyección a su esposa y ya con eso no
estará embarazada." Mi mamá se asustó al oir esto y papá
respondió "No, eso no. Yo voy a buscar la manera, pero eso no.
Nosotros vamos buscar alguna manera de cómo seguir adelante. Pero eso
no." Yo me sorprendí al escuchar esta historia pero estoy muy
agradecida con mis padres por decirle sí a mi vida desde un
principio.
Durante mi niñez en Nicaragua, a mi familia le encataba participar
en la parroquia. Asistíamos las procesiones, las celebraciones y los
acontecimientos durante las fiestas o los fines de semana. Rezabamos
el rosario cada noche con nuestros abuelitos, tíos y tías. Poníamos
en práctica nuestra fe diariamente y nos gustaba hacerlo. La iglesia
nos proveía apoyo durante los momentos de caos a causa de la guerra
civil que empezó en 1979.
| My familia emigró a
Estados Unidos en los 80s. Salimos de Nicaragua en busca de una
vida mejor, huyendo de la devastación que dejó la guerra. Mi
papó vino primero llegó en 1981 y dos años después vino el
resto de la familia. Yo tenía 8 años pero recuerdo la
experiencia muy bien. Viajamos en autobus la mayor parte del
camino hasta llegar a México. Después viajamos en barco,
microbus, y hasta carro hasta que llegamos a Tijuana, México.
Cruzar la frontera hacia Estados Unidos fue muy difícil y
peligrosa. |
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Verónica
a la edad de seis años frente al portón de La Parroquia de
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, su parroquia en Granada,
Nicaragua. |
Llegamos a Los Angeles, California, y nuestras vidas cambiaron por
completo. Tuvimos que aprender el inglés y acostumbrarnos a una nueva
cultura y a una nueva vida. No fue fácil al principio estar en un
nuevo país pero teníamos mucha esperanza y queríamos una vida mejor
en nuestro nuevo hogar. Mi familia se sentía muy bendecida al poder
coninuar practicando nuestra fe en la Parroquia de La Asunción en el
Este de Los Angeles. Dios continuó siendo generoso con nosotros.
Durante el tiempo de la adolesencia me involucré mucho en La
Asunción. Ayudaba en el catecismo, participaba en el coro, en el
grupo de jóvenes y en la clase de confirmación. Me daba mucho gusto
poder ayudar en mi comunidad. Sentía que estaba contribuyendo a mi
parroquia ya que ella me había dado mucho a mí y era una manera de
agradecerle todo el apoyo recibido. Había considerado entrar al
magisterio desde muy pequeña así que el estar involucrada me
ayudópara poder empezar a enseñar y me encantaba hacerlo.
Trabajé con un grupo de hermanas de mi parroquia. Ellas fueron muy
cariñosas conmigo y me gustaba pasar el tiempo con ellas después de
clases y durante los fines de semanas. Había considerado hacerme
religiosa pero, en mi mente, o eras maestra o eras religiosa. No podía
concebir que alguien pudiera hacer las dos cosas. Además, estaba
interesada en los muchachos y tenía novio así que la vida religiosa no
era una prioridad.
Después de terminar la secundaria fui a la Universidad de Loyola
Marymount en Los Angeles y estudié magisterio y español. Cuando estaba
en la universidad estaba en el coro de la capilla y en el coro bilingüe
y trabajaba con unas hermanas Josefinas que participaban en la
universidad planeando retiros. Sentía la satisfacción de poder ayudar
en la iglesia una vez más.
Durante mi último año en la universidad mi hermana y yo vivimos con
dos religiosas de las hermanas de San José de Orange. El convento
estaba a dos cuadras de la universidad. Disfruté mucho vivir en
comunidad ya que rezábamos juntas en la noche y tenía mucho tiempo en
silencio para poder hacer mi tarea. Este fue uno de los mejores años
para mi en la universidad y mi primera experiencia de vivir con mujeres
religiosas. Aprendí que ellas viven una vida normal ya que son seres
humanos. Ellas iban a su trabajo y tenían días buenos y otros no muy
buenos también. Al terminar sus días de trabajo regresaban a casa,
cenaban, rezaban y hasta ¡veían la televisión! Dios me bendijo una
vez más y experimenté mucha paz y amor ese año.
Después de terminar mis estudios participé en un programa de
estudio en Francia. Fui a Francia por cinco semanas con un grupo de 30
personas que iban de la Universidad. Tomamos clases de Francés y
Filosofía durante la semana y viajábamos durante los fines de semana.
Fue una experiencia muy memorable que causó un gran cambio en mi vida.
Fui a misa un domingo en el pueblo de Annecy y descubrí que la mayoría
de las personas en la iglesia eran mucho mayor que yo en edad. Mi amiga
y yo éramos las más jóvenes en la iglesia. Hasta el sacerdote y su
ministros era mayores y hasta se le dificultaba subir al altar. En ese
momento pensé "Mi iglesia necesita gente joven que ayude. Por qué
no me hago religiosa yo?" Pero al reconocer lo que estaba pensando
dejé de pensar en eso lo más pronto posible.
Al regresar de Europa seguí con mi vida. Empecé a enseñar en una
escuela pública y continué enseñando catecismo también. Pasaron
dos años para que pudiera compartir mis inquietudes con una hermana
de San José. Ella me respondió de una manera muy calmada que a ella
le encantaría que yo entrara a su comunidad pero era el Espíritu
Santo quien me iba ayudar en el disernimiento. Ella me dio el número
de la directora vocacional de la arquidiócesis de Los Angeles. Yo me
puse en contacto con ella y empecé el proceso formal de disernimiento.
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| 2001 –
Verónica con algunos de sus estudiantes en la Escuela Primaria
Jefferson en Lennox, California. |
También le dije al párroco de mi parroquia que estaba interesada en
la vida religiosa. El me dijo "No te procupes, Dios te dará claves
en el camino. Si en verdad tienes una vocación a la vida religiosa Dios
te lo hará saber. Pero no esperes estar un día en oración y que un
ángel va bajar del cielo a decirte 'Verónica entra a las hermanas de
....' porque esto no va ocurrir. Llevalo al suave y después tú sabrás."
Creo que esas fueron unas de las palabras más alentadoras que escuché.
Le agradecí a Dios por el consejo del párroco.
Durante el proceso de disernimiento encontré un guía espiritual.
Nos reuníamos una vez al mes para hablar acerca de mi vida y de cómo
podría orar durante este tiempo de búsqueda. Fui a diferentes talleres
que fueron patrocinados por la arquidiócesis. Empecé a leer más
acerca de las diferentes congregaciones con la ayuda de la directora
vocacional. "Trata de visitar su página electrónica" ella me
dijo. "Nota cóomo te sientes cuando visitas a las hermanas. Pon
atención de cómo te sientes porque esto es muy importante." Así
que tomé su consejo y empecé a ver en el internet las páginas de
diferentes congregaciones. Les mandé correo electrónico a varias
congregaciones y les llamé por teléfono.
Las Hermanas de la Santa Cruz fueron las primeras en responder my
correo electrónico. Me puse en contacto con las hermanas en Los
Angeles. Me gustó mucho que vivían en un área pobre de la ciudad. Las
visité en el convento de Santa Inés en Los Angeles y me gustó la
manera en que convivían entre ellas. Noté que era un grupo muy animado
y lleno de vida. Ellas comporatían sus historias y hablaban acerca de
sus diversos ministerios. Eran muy acogedoras y yo me sentía muy bien
entre ellas. Sentía que podía ser muy espontánea entre ellas.
Continué visitándolas y les hacía muchas preguntas acerca de la vida
religiosa.
Verónica
posa con la Hermana Maura Brannick (derecha) durante una visita
pasada a Saint Mary's. |
Durante el primer año que estuve en contacto
con las Hermanas de la Santa Cruz visité la Casa Madre en South
Bend, Indiana. Aprendí mucho acerca de la historia de la
congregación y de cómo empezaron. Empecé a imaginarme ser
parte de este grupo pero quería estar más segura ántes de
comprometerme. Durante ese año les pregunté a las hermanas en
Los Angeles si sería posible vivir con ellas para aprender más
acerca de ellas. Las Hermanas de la Santa Cruz aceptaron y
empecé a vivir en el Convento de Santa Inés. |
Ese año me hice pre-candidata y continué con el proceso de
discernimiento. Aprendí más acerca del carisma de la comunidad
através de mi experiencia al vivir con ellas. Continué con mi
trabajo de tiempo completo y empecé a enfocarme en tratar de pagar
mis deudas estudiantiles. Disfruté mucho vivir con las hermanas y la
experiencia me ayudó a concretizar mi decisión de entrar al programa
de Candidata de Las Hermanas de la Santa Cruz. En agosto del 2006 hice
mis primeros votos. Continúo en el miniserio de la educación. Reconozco que esto es lo quiero hacer
con mi vida y que quiero perseverar en esta jornada donde continuo
experimentando ¡las sorpresas gozosas de Dios!
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2004
– La Hermana Verónica (centro) es recibida en el noviciado
por las Hermanas Lilia Martínez (izquierda) y Brenda Cousins,
la directora de novicias de Norte América. |
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