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Considerando mis opciones
por la Hermana Joan Mader, CSC |
"¿Cuáles son mis opciones? ¿Qué opciones he tenido que
hacer en mi vida? ¿Dónde y cómo ha estado presente Dios en mi vida?
¿Cómo puedo usar los dones y talentos que Dios me ha dado? ¿Qué
quiero hacer de veras? ¿Dónde está mi corazón?
A través de los años he acompañado a varias jóvenes que han
querido saber a dónde Dios las estaba llamando. Estas son las
preguntas que surgen frecuentemente en nuestras conversaciones.
Cuando pienso, me doy cuenta que de mi propia vida ha sido una serie
de opciones, que le han dado forma a mi vida. Algunas opciones han
sido sugerencia de otras personas, que han creído en mí y han podido
ver más potencial en mi vida del que yo veía. Otras opciones han
venido de lo profundo de mi ser, convicciones que no me habían dejado
en paz, un sentimiento que aquello era lo que tenía que hacer en ese
momento. He identificado diez opciones que me han servido bien en
momentos cruciales.
Vida religiosa
Mi historia empieza en Chicago, Illinois, donde nací de papás
que me querían mucho.
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Católicos
fieles y disciplinados, ellos me transmitieron sus costumbres,
al ser yo su primogénita. Viví seis años y medio como hija
única, un poco chiflada, hasta la llegada de mi único hermano.
Fuera de mi familia inmediata, siempre me impresionó el fervor
religioso de mis abuelos paternos y de la familia de una tía de
parte de mi mamá. Quería ser como ellos.
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A
los siete años, Joan con su mamá, papá y hermano en Chicago.
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Créanlo o no, la opción por la vida religiosa fue una de mis
primeras opciones, que recuerdo. Cuando iba a entrar en el tercer año
de primaria, mi familia y yo nos mudamos a Evergreen Park y mis padres
me inscribieron en la escuela parroquial "Most Holy
Redeemer" (Santísimo Redentor). Las Hermanas de la Santa Cruz
que conocí en la escuela me impresionaron profundamente y decidí ser
como ellas. Esta atracción permaneció en mí durante la preparatoria,
junta con otras opciones que se presentaron. Cuando les mencionaba a
mis papás este sueño, ellos me decían: "Ya veremos".
Aunque la respuesta me parecía fría y sin comprensión, más tarde
me di cuenta que era muy sabía. No me desanimaron ni tampoco estaban
entusiasmados con la idea. Cualquiera de estas respuestas hubiera
representado una presión. Me dejaron escoger lo que yo quisiera. Más
que nada, ellos querían mi felicidad.
Latín o Español
Después de graduarme de la primaria y secundaria de "Most Holy
Redeemer", entré a la preparatoria para muchachas "Mother
McAuley". Mi mamá me animó a que escogiera Español como
segundo idioma. Me dijo que era más fácil que el latín y más
divertido. Seguí su consejo sin saber que el Español sería una
herramienta que cambiaría mi vida.
Más tarde en la universidad estudié más Español y Latín y di,
por muchos años, clases de idiomas a jóvenes y adultos. Cuando me
mudé de Indiana a Texas, usé el Español en mi ministerio en tres
parroquias. Los últimos diez años he vivido en Ciudad Guadalupe,
Nuevo León, México, cerca de Monterrey y a unas tres horas al sur de
la frontera de Laredo, Texas. Ahora uso el español todos los días.
Santa Cruz
En la preparatoria me enseñaron las Hermanas de la Misericordia. En
mi tercer año la preocupación más grande fue en cuál congregación
religiosa debía entrar. Mi mirada inexperta veía que las Hermanas de
la Santa Cruz y las Hermanas de la Misericordia parecían casi iguales.
Al final escogí a Santa Cruz porque su casa general era la que se
encontraba más lejos de mi casa. El noviciado de las Hermanas de la
Misericordia se encontraba a un kilómetro de mi casa y el de Santa
Cruz, a unas dos horas. La distancia me parecía importante en este
momento. Además, Santa Cruz tenía misiones en muchas partes de los
Estados Unidos así como en Bangladesh y Brasil. Esto me atraía. Yo
era una muchacha tímida, pero quería hacer algo importante con mi
vida. A mis 18 años tenía ganas de dedicarme completamente al
servicio de Dios y de su pueblo.
Ante todo, maestra
Cuando entré en la Congregación de las Hermanas de la Santa Cruz,
sus ministerios eran ser maestras o bien enfermeras. Yo quería ser
maestra. Las primeras hermanas que conocí eran maestras de primaria y
eso era lo que quería ser también. Mi opción de estudiar una
especialidad en Español hizo que la idea de ser maestra cambiara un
poco, pero no mucho. Estudié español y educación secundaria y mis
primeras misiones fueron en preparatorias.
Me encantó la experiencia de enseñar a jóvenes, pero poco a poco
empecé a trabajar más con adultos y me gustó aún más. Enseñé
Latín y Español a jóvenes e Inglés y Español a adultos. Estaba
ayudando a muchos a abrir sus horizontes y experimentar nuevos mundos.
Misiones
en mi propio país
Cuando terminó mi tiempo en East Chicago, Indiana, en la
Preparatoria bishop Knoll, empecé a realizar visitas
domiciliarias a mujeres tanto mexicanas como puertorriqueñas y
cubanas que estaban en mis clases de Inglés básico. ¡Descubrí
que el español me estaba sirviendo otra vez para abrir nuevos
mundos!
Ya tenía 34 años cuando fui a servir en el sur de los Estados
Unidos, conocido como "Home Missions"(Misiones
Locales).
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1978
– La Hermana Juanita habla con un grupo en la parroquia de
Cristo Rey, Austin, Texas.
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Siempre me habían impresionado las hermanas que sirvían fuera de los
Estados Unidos, sin embargo nunca sentí una llamada a "las
misiones" hasta que llegó este nuevo concepto de "Misiones
en su Propio País". Me dí cuenta que había mucha pobreza
espiritual y material entre los recién llegados al sur del país y
esto me llamó mucho la atención. También me dí cuenta de que
podría usar mi español de otro modo: en el ministerio parroquial. La
hermana Martín de Porres y yo nos ofrecimos a mudarnos al sur del
país y estuvimos a cargo de una parroquia hispana, Cristo Rey, en
Austin, Texas.
Mi vida estaba cambiando otra vez. Fue un tiempo de transición al
ministerio fuera del salón de clases, así que nos preparamos para
servir como ministros parroquiales. Trabajamos con un párroco
excelente, el Padre John Driscoll, por tres años, y tratamos de
absorber todo lo que podíamos.
Más tarde trabajé por seis años como administradora de una
parroquia sin sacerdote. Junto con otras hermanas o asociadas nos
dedicamos al desarrollo de laicas y laicos. Durante estos años tuve
el privilegio de acompañar a varias hermanas jóvenes y asociadas en
sus primeros pasos en el ministerio parroquial. Fue para mi un tiempo
rico en experiencias para mí y espero que para la gente también lo
haya sido.
Ministerio interno
En 1987 me eligieron superiora de la Región del Sur de nuestra
Congregación y en 1989, fui elegida para el Equipo de Liderazgo al
nivel general. Tuve la oportunidad de conocer a muchas hermanas y
acompañarlas en momentos importantes de sus vidas. Como Equipo
también tomamos algunas decisiones que tuvieron un impacto en la vida
de la Congregación. Este fue un tiempo de crecimiento y purificación
para mí, un tiempo que no hubiera escogido, pero que ahora valoro.
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La Hermana
Juanita (sentada a la derecha) y el Equipo de Liderazgo
General en 1989.
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Cruzando fronteras
Después de los siete años de ministerio interno, pedí permiso para
ir a Monterrey, México con el equipo de Santa Cruz que ya estaba
allá. Aunque había usado el español en mis varios ministerios por
aproximadamente 30 años, vivir en un país de habla española fue un
reto que me costó bastante.
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Fui a México porque me pareció que
era lo que debía hacer en aquel momento. Todavía estoy aquí,
porque siempre ha habido proyectos nuevos e interesantes. |
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La Hermana
Juanita en Monterrey, México
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Al elegir cruzar la frontera, escogí también acompañar a la gente
pobre y sencilla, gente llena de fe que sigue inspirándome día tras
día. La gente me ha formado y me ha sensibilizado. Mudarse a otro
país es bueno para la humildad de una. De repente yo era la
minoría. No entendía los sistemas políticos, económicos,
sociales ni eclesiales y casi nunca comprendía las bromas. Muchas
veces la gente no entendía y todavía no entienden mi acento. Los
niños me miran incrédulos con mi alta estatura, mi piel y pelo
blanco. De todos modos me encanta la vida que tengo aquí.
Dando la bienvenida
Hace cinco años, tomamos la decisión de cambiar parte del
enfoque de nuestro ministerio.
| El mío había sido
casi exclusivamente con mujeres en pequeñas comunidades de base
y estudios bíblicos con adultos. La hermana Michelle Toepp
trabajaba con niñas y niños. La Congregación estaba pidiendo
que prestáramos más atención al ministerio vocacional. |
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Guiando
un mini-retiro para mujeres in 1995, la Hna. Juanita observa
mientras una participante escribe sus pensamientos.
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Nos dimos cuenta de que, si queríamos atraer jóvenes a nuestra vida,
teníamos que hacer espacio en nuestras vidas para ellas.
El primer paso fue dedicar un fin de semana de cada mes a actividades
con muchachas solteras. Iniciamos un grupo de discernimiento para
mujeres entre 18 y 35 y un grupo de servicio para muchachas 11 a 17.
Después abrimos nuestra casa para experiencias de "Ven a Ver"
para muchachas que estuvieron considerando la posibilidad de la vida
religiosa en Santa Cruz. Desde el principio del programa en el verano de
2001, diez muchachas han pasado por lo menos tres meses compartiendo con
nosotras comidas y oración, y diversas responsabilidades comunitarias
al mismo tiempo que han estado dicirniendo sus póximos pasos.
Formación en México
Aunque esperábamos que algunas muchachas mostraran interés en Santa
Cruz, nos sorprendió cuando dos de las participantes del grupo de
discernimiento hablaron con nosotras acerca de su deseo de entrar a la
Congregación. Sus preguntas nos empujaron a hablar con el Equipo de
Liderazgo sobre la posibilidad de formación inicial en México. El
Equipo de Liderazgo estuvo de acuerdo.
La primera candidata del programa en México empezó en Septiembre de
2002 y entró en el noviciado en julio del 2003. Dos nuevas candidatas
empezaron su programa en Enero del 2005 y otras están mostrando
interés.
Viviendo con un corazón agradecido
Una de las opciones más importantes y más constantes en mi vida ha
sido el tener una actitud de agradecimiento. Esta actitud me ha ayudado
en situaciones difíciles y me ha ayudado a aprender algo de todo lo que
pasa.
Mis opciones han sido ricas y abundantes. Mujeres y hombres sabios me
han guiado y animado a dar pasos que hubieran sido difíciles tomar yo
solita. Por otro lado he tenido el privilegio de guiar y acompañar
muchas mujeres, religiosas y laicas a dar sus primeros pasos in el
ministerio pastoral o en la vida religiosa. Acompañarlas y animarlas en
el camino ha sido un gozo para mi.
¿Cuáles serán las opciones de mi futuro? No puedo estar segura,
pero tengo consuelo de la fidelidad del Espíritu amoroso de Dios que
hasta ahora ha estado presente en mi vida. Estoy segura que las maneras
en que Dios ha actuado en mi vida, no van a cambiar!
¿Y tú? ¿Has considerado tus opciones recientemente? ¿Qué es lo
que quieres hacer con esta vida preciosa que es la suya? ¿Es posible
que Santa Cruz sea una posibilidad para ti, como ha sido para mí?
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A Bible
study group shares a laugh with Sister Joan, 2004.
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