Un viaje Inesperado
por la Hermana Amy Cavender, CSC
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"El Camino siempre continúa y continúa
a partir de la puerta donde éste empezó.
Ahora el camino se ha ido muy lejos por delante,
Y yo debo continuar, si puedo,
Siguiéndolo con los pies descalzos
Hasta que éste se una con un camino más largo
En donde mis senderos y recados se reúnan.
Y entonces marchitarse? No puedo decir."
~Frodo Baggins en J.R.R. Tolkien’s
The Fellowship of the Ring
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La Hermana Arlene Kniola y Amy Cavender comparten
sus ideas en un programa de experiencia "Vengan y Vean"
patrocinado por las Hermanas de la Santa Cruz. |
El Empezar del Camino
En
mi propia vida, el Camino ha tomado dos rumbos inesperados. El primero
me condujo a la Iglesia Católica y el segundo a Santa Cruz.
Fui educada como Protestante Evangélica, con afiliación
denominacional no formal, a pesar de que mis padres fueron educados en
la Iglesia Reformada. Tuve contacto con varias iglesias diferentes
porque durante mi infancia nos mudábamos con frecuencia; sin embargo,
nunca pensé que un día sería una miembro de Iglesia Católica
Romana.
El
punto crucial llegó mientras era estudiante universitaria en la
Escuela Superior Gustavus Adolphus, una pequeña escuela luterana en
Minnesota del Sur.
En Gustavus, desafiaron mi propia cristianidad como joven adulta. Este
desafío me condujo a iniciar la búsqueda de un hogar permanente en
la iglesia. Cambiarme de una denominación a otra mientras crecía me
enseñó mucho sobre el ecumenismo; pero, también, me dejó sin un
fuerte sentido de identidad, necesitaba un lugar donde establecer mis
raíces.
Por varias razones, incluyendo una fuerte atracción por los
sacramentos, un creciente amor por la liturgia (que nuestro capellán
en Gustavus moldeó tan bien en mí), y una creciente convicción de
la coherencia intelectual del catolicismo, tomé la determinación de
ingresar a la Iglesia Católica en mi primer año de escuela superior.
Y, como confirmación de esa elección, los dos programas para
estudiantes graduados que mejor llenaban mis intereses y me ofrecían
los mejores paquetes de ayuda financiera fueron Loyola y Notre Dame.
Un cambio inesperado
Así, en mi primer semestre en Notre Dame, me
comprometí en el programa RCIA del Ministerio del Campus y fui
recibida en la Iglesia en abril de 1991.
Todavía, en ese entonces, no estaba pensando
indudablemente sobre una vocación religiosa. Estaba tratando de
aprender a vivir como una Católica practicante y el programa doctoral
en estudios gubernamentales e internacionales me estaba manteniendo
ocupada.
Durante
los próximos dos años, me mantuve ocupada en mis estudios y empecé
a conocer las alegrías de la docencia mientras trabajaba como
asistente del profesor. Mi vida estaba yendo bien; mis estudios me
desafiaban intelectualmente y disfrutaba de mi trabajo en el salón de
clase.
Sin embargo, sentía que algo faltaba. Mi trabajo me
satisfacía, pero no era suficiente. Lo que estaba buscando, aunque
aún no me daba cuenta de ello, era una manera de integrar mi labor
como docente con un compromiso vitalicio al servicio.
Me
puse a pensar por primera vez en Santa Cruz cuando una amiga muy
cercana a mí empezó a fijarse seriamente en Santa Cruz. Ella había
sido invitada a una profesión de votos finales en la Iglesia de
Loretto y al no querer asistir sola me pidió que la acompañara.
Luego de esa tarde, de regreso a su departamento, ella me preguntó si
alguna vez había considerado la vida religiosa. Mi respuesta
inmediata fue reírme y decir que no. No era que tuviera algo en
contra de esa idea, pero nunca había pensado en ello. En cualquier
caso, había estado solamente en la Iglesia por dos años en ese punto.
¿Quién era yo para pensar en la vida religiosa – y qué podría
saber yo sobre el tema?
Más sorpresas y compañeras a lo largo del camino
A partir de ese punto en adelante, la idea no se iría. (¡Aunque yo
tratara de alejarla!) Finalmente, aproximadamente dos años más tarde, me
armé de valor para hablar con uno de los sacerdotes de Santa Cruz que
había llegado a conocer en Notre Dame. Debido a que me conocía bastante
bien y sabía que era nueva para la Iglesia, esperé en cierto modo que
él tratara gentilmente de disuadirme a seguir la vida religiosa, por lo
menos en ese momento. Por el contrario, me alentó a que lo averiguara y
me puso en contacto con una de las hermanas que conocía en Saint Mary's.
(¡Creo que ese fue el momento en que me di cuenta que estaba en problemas!)
Algunas semanas más tarde, participé en mi primera experiencia "Vengan
y vean". Durante ese fin de semana, conocí a otras jóvenes mujeres
interesadas en la vida religiosa y a varias otras hermanas, muchas de las
cuales habían llegado a ser, desde entonces, buenas amigas.
Aunque había disfrutado el fin de semana y me había sentido tan bien
como en casa entre las hermanas que conocí, algo en mí aún esperaba que
esta idea porfiadamente persistente sobre la vida religiosa sólo
desaparezca.
No
sucedió. Aproximadamente seis meses más tarde, empecé a reunirme
regularmente con la directora vocacional, la hermana Rita Slattery, para
discernir un posible llamado a la vida religiosa en Santa Cruz.
Ese verano, asistí a otra experiencia "Vengan y Vean". Esa
experiencia solamente sirvió para profundizar mi atracción hacia la
comunidad. Después de ese retiro, algunas otras mujeres y yo pasamos
algunos días en una cabaña a orillas del Lago Michigan con la Hermana
Margaret André, otra hermana involucrada en el trabajo vocacional. Una
noche llegamos a hablar sobre dónde nos encontrábamos cada una de
nosotras en relación con la vida religiosa. ¿Estábamos solamente
averiguando sobre el tema, empezando una investigación casual sobre éste,
investigándolo seriamente, listas para "saltar" o estábamos ya
viviéndolo? En el curso de esta conversación, pude decir que había
sentido la vida religiosa en ciertas formas durante algunos meses, pero
que no había estado completamente lista para admitirlo; incluso, a mí
misma, debido a mis propios temores sobre tomar los próximos pasos:
Estaba lista para saltar. Hablé con la Hermana Rita y pedí ingresar.
Al año siguiente, empecé un período de pre-candidatura – una opción
para mujeres que están interesadas seriamente en Santa Cruz pero que por
alguna razón no están listas para hacer su ingreso formal. Durante los
próximos dos años estuve regularmente en contacto con una de las
comunidades locales de Santa Cruz en South Bend. Allí, encontré un gran
apoyo, aliento y amistad.
¿Por qué este camino?
Me han preguntado varias veces por qué he elegido la vida religiosa.
Parte de lo que me atrae a Santa Cruz es una fuerte vida de comunidad.
Por un momento, durante la escuela para graduados, fui parte de una
comunidad de amigos quienes tratan de ayudarse unos a otros para vivir
la vida cristiana. Hubo un fuerte sentido de conexión y apoyo entre
nosotras.
Aprendí dos cosas de este grupo de amigas. Primero, el matrimonio
es bueno, santo y atractivo – vi lo que mis amigos casados en el grupo
tienen, el matrimonio es algo maravilloso – pero, éste no se mantuvo
como una atracción personal para mí. En segundo lugar, aprendí que
el apoyo de una comunidad es muy importante para mí para poder ser
mejor. No quiero tratar de vivir la vida cristiana a mi manera.
También me siento atraída por el sentido de familia que parece
llenar a todas las congregaciones de Santa Cruz. Allí parece existir
un sentido real entre las hermanas, los hermanos y los sacerdotes,
formando tanto los hombres y las mujeres de Santa Cruz una sola
familia. Eso es algo que admiro. Parece extenderse en una
preocupación por la vida de la familia en general y yo he sido tocada
por la manera que Santa Cruz ha tocado mi propia familia. Mis padres y
mi hermano han venido a South Bend en algunas ocasiones y sus visitas
han sido útiles para todas nosotras. Ellos casi no pueden expresarlo;
pero; también, pueden ver el atractivo de la vida en Santa Cruz.
Si Frodo hubiese sabido todas las sorpresas que encontraría en su
búsqueda por destruir Un Círculo, no cabe duda que hubiese
permanecido en su hogar en los cómodos confines del Trono. Sin
embargo, como él dice en la última línea de la lectura que empieza
este artículo, uno no puede saber hacia dónde conducirá el Camino.
Algunas veces éste nos conduce a direcciones sorprendentes.
Y a lo largo del camino aprendemos a contentarnos a vivir con
incertidumbre.
La Hermana Amy Cavender realiza su primera profesión de votos en
presencia de la presidenta de la congregación, Hermana Aline Marie Steuer,
en Ventura, California, el 13 de Julio de 2002.
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