La Historia de Las Hermanas
de la Santa Cruz

La Congregación de las Hermanas de la Santa Cruz tuvo su origen en las Marianitas de Santa Cruz, fundada en 1841 por el reverendo Basilio María Moreau de Le Mans para apoyar a los sacerdotes y a los hermanos de Santa Cruz en la reconstrucción de la Iglesia Francesa. El pidió a todos los miembros de la Congregación esforzarse siempre "a esa unión de corazones siempre más perfecta que es la base de la unidad y de la fuerza de Santa Cruz", a ese espíritu que permite que los miembros "convivan como íntimos amigos". Confió la congregación a la protección especial de María, la Madre de los Dolores y animó a las hermanas a asociarse con ella como mujeres de fe y compasión.

Desde el principio, la Congregación adoptó el espíritu misionero de su fundador, Padre Basilio María Moreau, siempre respondió a las peticiones de la Iglesia cuando tuvo el personal con el cual que responder. En 20 años, los sacerdotes, hermanos y hermanas se esforzaron para responder a las necesidades del pueblo en los Estados Unidos, Argelía, Canadá y Bengal además de Francia, Roma, y por un período breve en la Polonia.

En 1843, apenas dos años después de la fundación de su comunidad, cuatro hermanas fueron enviadas a Indiana para unirse al grupo de sacerdote y hermanos que habían aceptado el año anterior una misión en Notre Dame du Lac. En 1869, la provincia de Indiana de las Marianitas se convirtió en una comunidad autónoma, la Congregación de las Hermanas de la Santa Cruz, con su Casa General en Notre Dame, Indiana. Las Constituciones de la Congregación fueron aprobadas por Roma en 1896.

Como respuesta a las necesidades de la Iglesia en los Estados Unidos, las hermanas enseñaron inicialmente a los(las) Indios(as), cuidaron a los(las) huérfanos, a los(las) sordos, y administraron escuelas industriales. El éxito de la Academia de Santa María como institución educativa tuvo como resultado muchas solicitudes de párrocos para establecer academias y escuelas parroquiales. Su respuesta a la llamada para enfermeras durante la Guerra Civil y más tarde en los campos mineros del oeste, les llevó a trabajar en hospitales. Estos servicios se convirtieron en un apostolado extensivo en la educación y cuidado de la salud.

Fieles a la preocupación misionera del Padre Moreau, las hermanas respondieron a una llamada a Bengal en 1852, y con la excepción de dos largas ausencias, han continuado su ministerio allí. Recientemente, han respondido a las peticiones de los obispos de Brasil y Perú en América del Sur, Uganda y Ghana en África, La India y México.

A medida que han expandido y vuelto más diversas las necesidades de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II, las hermanas de la Santa Cruz han perseverado en su respuesta en el espíritu del Padre Moreau al servir en una variedad de apostolados. Su respuesta de fe y de compasión saca su inspiración y fuerza de esas cualidades del Corazón Inmaculado y Doloroso de María al cual les dedicó el Padre Moreau.

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Misión

Misión
Declaración de la Misión de la Congregación
de las Hermanas de la Santa Cruz

Nosotras, las Hermanas de la Santa Cruz en todas
partes del mundo, somos llamadas a participar en la misión
profética de Jesús para dar testimonio del amor de Dios
para toda la creación.
La compasión nos conmueve a reflexionar en las
señales de los tiempos, a discernir las necesidades y
a responder.
Nos ponemos en solidaridad con las personas pobres 
y marginadas.
Nuestra vida junta nos enriquece y nos da fuerza
en fomentar comunidad donde quiera que estemos.

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Valores Fundamentales

La compasión nos obliga a ponernos
con otras personas y abrazarles en su sufrimiento,
para que juntas podamos realizar la
presencia liberadora y sanadora de Dios.

La fe nos impulsa a confiar aún más
radicalmente en Dios y de arriesgar a
responder como discípulas de Jesús.

La oración, personal y comunal,
nos funda en el amor incondicional de
Dios, nos llama a la integridad en
discernimiento y nos anima en nuestra
labor de construir una sociedad de justicia
y de amor.

La comunidad nos compromete a buscar
maneras de caminar juntas; éstas nos dan
energía y nos sostienen para vivir nuestra
misión en solidaridad una con la otra.

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Llamadas del Capítulo

Nuestro Caminar Hacía la Comunión

Nosotras, las Hermanas de la Santa Cruz, para quienes el evangelio es regla de vida, estamos sumamente conscientes de las urgentes necesidades del mundo.

“Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil, el futuro depara, a la vez, grandes riesgos y grandes promesas. Para seguir adelante, debemos reconocer que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz. En torno a este fin, es imperativo que como parte de los pueblos de la Tierra, declaremos nuestra responsabilidad unos hacia otros, hacia la gran comunidad de la vida y hacia las generaciones futuras”.   —La Carta de la Tierra


Impulsadas y empoderadas por el Espíritu, prometemos responder a estos desafíos y nos comprometemos a la transformación, las relaciones justas, la sostenibilidad ecológica y el cambio sistémico para la vida del mundo.

Transformación:
Profundizar la dimensión contemplativa de nuestra vida consagrada y ministerio como testigas proféticas, portadoras de esperanza en un mundo fragmentado.

Relaciones Justas:
Abrazar la riqueza de nuestra diversidad cultural y étnica y emplear este aspecto comunitario de nuestro carisma para hacer progresar la reconciliación global y las relaciones justas.

Sostenibilidad Ecológica:
Cuidar la tierra como un regalo frágil y sagrado, practicando y promoviendo la sostenibilidad ecológica.

Cambio Sistémico:
Trabajar en redes con grupos impulsores para generar estructuras políticas, económicas y sociales justas en solidaridad con las personas empobrecidas y excluidas.

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