"Sin una ley, sin un horario" 

by Hermana Noylí Ríos Manzo, CSC 
Hermana Noylí Ríos Manzo, CSC 

 Hermana Noylí Ríos Manzo 

 

En mi experiencia de vida Dios siempre ha estado conmigo, especialmente cuando encontré a Santa Cruz en mi vida.

Mi abuelo fue mi primer contacto con Dios. Me di cuenta de eso más tarde cuando estaba iniciando mi jornada vocacional como una postulante de las Hermanas de la Santa Cruz.

Cuando él venía de la sierra hasta Chimbote, el primer lugar que él visitaba era la capilla; me invitaba a ir con él en silencio y solo me decía: “Necesitamos ir a un lugar especial; vamos” e inmediatamente estábamos ambos frente al santísimo, tomando de su mano en silencio para decir solamente “Gracias Dios.” Ahora en mi mente recuerdo este acontecimiento sin una ley, sin un horario, porque para mí como una niña, no tenía ningún sentido pero hoy es especial porque desde ahí Dios se manifestaba en mi vida en las pequeñas cosas y acontecimientos de modo gratuito.

Cuando fui a la escuela encontré al Padre Thomas Shea, CSC, quien fue mi profesor de religión, en clases siempre intentaba enseñarnos acerca de la importancia de nuestro rol como jóvenes profetas. Nos hablaba de Jeremías lo que no tuvo sentido pero más tarde entendí la importancia de la justicia social y el evangelio de Jesucristo, como buena nueva para todos nosotros en el mundo.

Más tarde entendí claramente porque él dio énfasis a este punto que es la opción, la dirección para Santa Cruz. Otra vez sin una ley, sin un horario la presencia de Dios hablándome.

Mi sentido de justicia se formó desde mi familia porque tengo tres hermanos y yo soy la única mujer; algunas veces mi padre consultaba las decisiones acerca de nuestra familia, durante el almuerzo o cena, especialmente cuando no había mucho dinero en casa. La consulta fue como podemos cada uno aportar para mantenernos siempre con lo necesario sin pasar momentos difíciles; pues cada uno era responsable. Mi mamá fue muy crítica acerca de las prioridades en nuestras vidas, especialmente de no hacer a otras personas lo que no nos gustaba que hicieran a nosotros.

Mi primer contacto con las Hermanas de la Santa Cruz fue a través de la Hermana Patricia Clossey, CSC. Su especial dedicación en la pastoral juvenil y la catequesis cautivó mi interés, pero no fue hasta la presentación del Padre Guillermo Persia, CSC, que encontré el acompañamiento de las Hermanas Eleanora Snyder y Patricia Dieringer. El Padre Guillermo fue una persona que influenció en mi camino en Santa Cruz.

En mi comunidad parroquial durante mi jornada como una asociada de las Hermanas de la Santa Cruz después que el Padre Guillermo y la Hermana Eleanora me invitaron tuvimos un buen tiempo en Chimbote con el trabajo, con la gente de los asentamientos humanos a quienes hicimos visitas y la preparación para recibir los sacramentos. Una vez más era un tiempo en el que Dios me hablaba a través de la gente y también en mi trabajo con familias pobres o niños en riesgo social y moral. En mi trabajo con niñas y sus familias es que descubrí el rostro de un Dios amigo. A veces me rehusaba ir a misa o una reunión en la comunidad, pero siempre llegaba temprano. ¿Porqué? Porque la presencia de Dios en mi vida se manifestaba sin una ley, sin un horario.

Fue la Hermana Josefina Delany quien tuvo un rol importante en mi vida y camino en Santa Cruz porque en 1992 ella llegó al Perú para una nueva misión. Después de 10 años de presencia de las Hermanas de la Santa Cruz en Chimbote y en el Perú, una mujer peruana entró en el programa de formación por la primera vez. Fui la única en mi grupo y necesité vivir una experiencia diferente especialmente porque nunca viví fuera de casa o sola. Fue todo un cambio para mi familia, para mí, para las Hermanas de Santa Cruz en el Perú. Una nueva experiencia para todas nosotras porque la Hermana Josefina hablaba portugués y yo español; cada día aprendíamos juntas a comunicarnos en diferentes maneras o formas. Y otra vez la presencia de Dios en los hechos de la vida diaria ... sin una ley, sin un horario.

Mi experiencia de lazos y el valor de la amistad fueron el referente heredado de mi abuelo, la imagen y el ejemplo de cómo ser amiga, la amistad y el valor de las relaciones humanas en mi vida.

Todo el tiempo me concebí de un modo diferente, por mi particular visión de Dios y la Vida Religiosa, especialmente en mi cultura donde el hombre siempre toma la iniciativa y la mujer tal vez, pero para mí siempre fue bueno experimentar como la congregación se interesaba en mi desarrollo personal. Cada día descubrí que rica es mi cultura, mi historia personal en todas mis dimensiones.

Cuando fui a la Universidad mi postura acerca de temas de socio política, pobreza, justicia social fue escandalosa, especialmente para mujeres que nunca tuvieron preguntas acerca de la lucha de día por día de personas que intentan alcanzar a un espacio digno.

Mi interés por la temática de niñas y familias pobres y en riesgo siempre me apasionaron, especialmente desde una línea de trabajo clínico social, actualmente trabajo con familias en riesgo y menores pobres del centro de Lima, un proyecto de las Hermanas Mercedarias de España. Así mismo acompañé a un grupo de “mujeres que aman demasiado” y en algunas oportunidades a jóvenes parejas en la parroquia de Nuestra Señora de Cocharcas, parroquia donde estamos viviendo.

Para mí ser una Hermana de la Santa Cruz exige mucho auto conocimiento para poder apasionarse por la imagen de ese Dios que día por día habla en la otra persona, en el silencio, en los acontecimientos, en los desafíos, en el dolor, en la alegría. Exige tener un espíritu incesante y en búsqueda por algo nuevo, exige optar cada día por la vida, exige recuperar el valor histórico como mujer, exige aventurarse a mirar otras realidades, inculturarse en la diversidad y exige una puesta a nuestra vocación fundamental por la vida.


 

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