En memoria cariñosa …
Hermana Virginia McLaughlin, CSC
(Virginia Frances McLaughlin)
Nacimiento: 5 de mayo de 1929
Profesión: 15 de agosto de 1954
Muerte: 31 de octubre de 2009
La Hermana Virginia, Virginia Frances McLaughlin, nació en Boston, Massachusetts, de los ya fallecidos John McLaughlin y Margaret Jane McLaughlin. Su padre y madre no sólo compartían el mismo apellido McLaughlin, sino también el mismo lugar de nacimiento, el Condado Donegal en Irlanda.
Una historia, contada una y otra vez por la familia McLaughlin, es que su padre se mudó a los Estados Unidos antes que su madre. Cuando su madre escuchó que su padre estaba interesándose en una joven en Estados Unidos, tomó el siguiente barco hacía ahí y, como dicen, “El resto es historia”. La pareja tuvo tres hijas y un hijo: Peggy, la mayor, tuvo 10 hijas e hijos, John tuvo un par de gemelos, y Patricia, la hija menor y única hermana sobreviviente, tiene un hijo y una hija. Los hijos de Patricia, Margaret Virginia Crossen de Norwood, Massachusetts, y Richard Doucette de North Reading, Massachusetts, eran más cercanos a su tía porque la Hermana Virginia pasaba vacaciones en su hogar mientras ellos crecían. Sin embargo, la Hermana Virginia disfrutaba hablar y mostrar fotos de cada una de sus sobrinas y sobrinos y de sus familias, éstas con frecuencia incluían a los perros de la familia.
Para la Hermana Virginia su familia, su herencia irlandesa y sus conexiones con Boston eran muy importantes. Un evento resaltante de su vida fue el viaje a Irlanda que hizo junto a su hermana Peggy. Ellas visitaron el pueblo natal de sus padres, conocieron parientes de ambos lados de la familia, y vieron los hogares de niñez de sus padres. La Hermana Virginia con frecuencia contaba historias de este viaje tan especial.
Durante el tiempo en que viví con la Hermana Virginia en el Pabellón Saint Angela de Kensington, Maryland, llevaba algunas copias de The Pilot, el periódico diocesano de Boston. Ella las leía de cabo a rabo y comentaba acerca de las parroquias de la diócesis de Boston, las que conocía muy bien. Cuando se mudó a Saint Mary’s, el regalo de despedida de su comunidad local fue una suscripción a este periódico diocesano que era su favorito.
La Hermana Virginia disfrutaba las fiestas navideñas y tenía una pequeña colección de adornos que sacaba todos los años para ayudar a decorar su habitación y el árbol de Navidad de la comunidad local. El servilletero empleado todo el año por la comunidad del Buen Pastor es un árbol de cerámica confeccionado por una de sus hermanas. Hasta el día de hoy adorna la mesa de la cocina comunitaria.
Cuando la Hermana Virginia ingresó a Santa Cruz trabajaba llevando los libros contables para Hood Rubber y B.F. Goodrich mientras asistía a clases nocturnas en la Universidad de Boston en Chestnut Hill, Massachusetts. Ella, luego de ingresar a la comunidad, continuó su educación en la Universidad de Boston y al cabo de un tiempo recibió de esa universidad sus grados de Bachiller, Máster en Ciencias y Máster en Artes en educación y biología.
La Hermana Rachel Callahan, una querida amiga suya, compartió el siguiente relato de una de sus aventuras juntas. Ella dijo: “La Hermana Virginia, como la bióloga educada que era, nunca perdió su pasión por la perfección y la precisión, y aun siendo la científica que fue, siempre disfruto reír. Una vez fui su secuaz en un proyecto de genética para su clase, este proyecto involucraba determinar el sexo de moscas de la fruta de ojos azules que se multiplicaban más rápido de lo que podíamos contar. No estoy segura de cuál era el propósito del proyecto, pero siempre recordaré lo gracioso que fue tratar de conseguirlo”.
Uno de las primeras directoras de la Hermana Virginia la describió como una persona con la que era delicioso vivir en comunidad, una persona cálida, amigable y que le gustaba divertirse. Las hermanas que estuvieron con ella en alguna facultad o que fueron enseñadas por ella la identificaron como una excelente profesora de biología tanto de secundaria como de universidad.
La Hermana Virginia fue muy apreciada por sus estudiantes. Se cuenta una encantadora historia sobre sus días cuando enseñaba a muchachos en la Escuela Secundaria Mackin de Washington, D.C., a ellos les encantaba bromear sobre su acento Boston (que nunca perdió). A propósito le preguntaban por el “doodad” [???] que portaba, y ella les explicaba acerca de su silver “harrt”(heart) [Corazón de Plata dicho con acento de Boston], esto les hacía reírse a carcajadas. Luego trataban de hacerle decir más palabras con acento de Boston.
Cuando dejó el mundo educativo, la Hermana Virginia se volvió ministra pastoral en el Hospital Holy Cross de Silver Spring, Maryland. Primero fue capellán de Cuidados Intensivos y luego directora del Departamento de Atención Pastoral. La arquidiócesis de Washington reconoció su trabajo como directora de este departamento.
La Hermana Virginia compartió con algunas hermanas que su oración consistía en momentos de contemplación y en simplemente mantenerse en silencio ante la presencia de un amoroso dios. Una parte de su filosofía de vida puede resumirse por el mensaje inscrito sobre un imán que entregó como regalo a una amiga: “Sana el pasado, vive el presente, y sueña el futuro”. Otra cita favorita que se mostraba en su habitación era, “Una persona amiga es alguien que comprende tu pasado, cree en tu futuro, y te acepta hoy tal y como eres”.
Una historia final compartida por la Hermana Rachel ocurrió este verano pasado. Durante su última visita la Hermana Virginia expresó su gratitud por las personas que trabajaban en Reina de la Paz y su frustración por perder la capacidad de comunicarse con ellas en la forma que deseaba.
Hermana Virginia, que descanses en paz pero que también te regocijes al reunirte en el cielo con tu familia, amigas y amigos y con aquellas personas cuyas vidas tocaste estando aquí en la Tierra. Extrañaremos tu forma de ser bondadosa y gentil.
Escrito por la Hermana Maureen Rooney, CSC.