En memoria cariñosa …
Hermana Raymond Mary, CSC
(Elizabeth Ellen Sullivan)
Nacimiento: 23 de abril de 1930
Profesión: 15 de agosto de 1953
Muerte: 6 de febrero de 2010
En la quietud del alba del pasado sábado, la Hermana Raymond Mary, la querida Rayme, escuchó la acogedora voz de nuestro buen Dios, “Ven, ven conmigo, Rayme”.
Con su siempre atenta capacidad de escuchar y su disposición a una respuesta afirmativa en todas las situaciones, Rayme aceptó alegremente esta invitación tan esperada y se unió felizmente al coro celestial. ¡Qué gran reunión! Rayme se encontró con sus padres, hermanos, hermanas, Oh tantas amigas y amigos, miembros de nuestra familia de Santa Cruz, antiguas y antiguos estudiantes y colegas de trabajo.
En 1930 Elizabeth Ellen Sullivan nació de Raymond y Katherine Sullivan in Afton, Iowa. Fue la penúltima de seis hijas e hijos: Robert, Eugene, Rosemary, Monica, “Liz” y Alice. La Hermana Kateri, IHM, su hermana de sangre, está con nosotras hoy acompañada por su sobrina Mary Elizabeth O’Connor, hija de Rosemary Sullivan y Bill Dodds.
Los tatarabuelos de los Sullivan llegaron a los Estados Unidos provenientes del Condado Cork, en Irlanda; la familia eventualmente se instaló en Afton, Condado Union, Iowa. Luego de su graduación en la Universidad St. Ambrose en Davenport, Raymond Sullivan entró en el negocio de los seguros a la vez de adquirir una granja en el área. En 1942 el hermano menor de Raymond sufrió un severo ataque al corazón; Raymond viajó a California para estar con él. Mientras estaba en el sur de California, Raymond reflexionó sobre la situación en Afton y llegó a la conclusión de que aunque su familia disfrutaba de una vida maravillosa en esa pequeña comunidad, ésta tenía poco que ofrecer para el futuro de sus hijas.
Luego de regresar a casa, Raymond y Katherine discutieron sobre el tema y, en un espíritu de fe característico de la familia, decidieron que mudarse a Los Angeles sería lo mejor. La familia se estableció y paso a formar parte de la Parroquia del Inmaculado Corazón de María, y ahí Liz ingresó a séptimo grado. Dos años después se unió a su hermana mayor Mónica en la Escuela Secundaria Saint Agnes, donde las Hermanas de la Santa Cruz enseñaban. Sus años de secundaria fueron felices, marcados por el gran entusiasmo de Liza, su serio compromiso con los estudios y su participación en muchas actividades extracurriculares. Luego de graduarse recibió una beca para la cercana Universidad del Sur de California; sin embargo, Liz renunció a este codiciado honor. Los siguientes dos años trabajó en Occidental Life Insurance.
El 7 de septiembre de 1950 Liz respondió a su llamada en Santa Cruz e ingreso al postulantado en Saint Mary’s. Ella estuvo feliz de recibir el nombre de Raymond Mary. Los estudios universitarios y de postgrado de la Hermana Rayme la prepararon bien para sus muchos y exitosos años en los ministerios de docencia y administración en educación, atención de la salud y liderazgo en todos los niveles de la congregación. Ella desarrolló la misión de la congregación en Arizona, California, Colorado, Indiana, Utah y Washington.
Entre sus dones especiales para nosotras en Santa Cruz estuvieron su alegre liderazgo en etapas de la vida que fueron por momentos desafiantes, especialmente durante el Programa de Renovación Corporativa; ella nos ayudó a lograr mucho más que simplemente llegar a la meta. Su grado de máster de Loyola-Marymount, Los Angeles, le fue muy útil; no es para nada sorprendente que su tesis se enfocara en el papel y la importancia del humor en nuestras vidas. Hemos experimentado el beneficio de su compromiso con el humor de tantas formas; ella compartía este don hábilmente no sólo a través de sus ingeniosos y agudos comentarios ahí cuando más alivio se necesitaba sino también a través de su biblioteca virtual de historietas del New Yorker ¡apropiadamente expuestas o entregadas en el momento justo!
¿Quién puede pensar en Rayme sin visualizar una o dos ranas? No sabemos exactamente cómo comenzó esta devoción por las ranas, pero sí que persistió y fue alimentada por muchas de nosotras. Wikipedia nos dice los siguiente: “Ranas: animales que aparecen prominentemente en el folklore, cuentos de hadas y cultura popular; tienden a ser mostradas como criaturas benignas, feas y torpes, pero con talentos escondidos”. Ahora, las ranas de Rayme no eran ni feas, ni torpes y seguramente no eran descendientes de las ranas del Éxodo, pero si eran benignas y tenían muchos talentos escondidos. Las ranas de Rayme daban vida y ánimos y saltaban a la ayuda de cualquier persona en problemas. Su “granja” de ranas era un lugar feliz y siempre dio alegría a muchas personas. Me gusta pensar que ella se fijó por primera vez en las ranas en Afton a la orilla del Grand River o en el riachuelo cercano. ¡Es ahí que debe haber escuchado el misterioso croar de estas fascinantes criaturas!
Para agradecer por todo lo que Rayme nos ha dado, tal vez podemos simplemente escuchar y orar esos pensamientos y frases que resuenan hoy en nuestros corazones. Estos suenan como una letanía en tanto aspiramos encontrar en nuestro interior las mismas cualidades. Estas expresiones fueron puestas en palabras por muchas de ustedes cuando se les pidió pensar en la vida de la querida Rayme. Ahora nosotras, su familia aquí y en California y Colorado, su familia de Santa Cruz — sacerdotes, hermanos y hermanas, sus amigas y amigos, sus enfermeras, las personas que cuidaron de ella, sus colegas de trabajo y todas aquellas personas que quisieran estar aquí alaban a Dios por su valerosa vida:
¿Quién era Rayme para ustedes? Alguien muy cercana a Dios, una persona santa, de profunda fe, dedicada a ser compasiva, a concretar la misión, un ser generoso, alguien que hablaba con sus ojos, que nunca ocasionó problemas, siempre cooperativa, amada por su familia, que amaba las visitas de Kateri, que transmitía calidez, hospitalidad, que le encantaba reír, que amaba toda vida, que amaba el don de la Eucaristía, la oración, siempre lista a organizar fiestas o a ir a ellas, que amaba el Derby de Kentucky, las bromas, la música, las salidas al aire libre, el chocolate, el caramelo, el helado, las bebidas (algunas con alcohol), los desayunos, las tarjetas de saludo, enviar tarjetas para todas las ocasiones, alguien que amaba seguir adelante.
Así es y junto a San Pablo, “agradecemos a nuestro Dios cada vez que te recordamos, Rayme. En todas nuestras oraciones, siempre oramos con alegría por tu compañía, Rayme, en el evangelio desde el primer día hasta ahora, confiando en que aquél que comenzó su buena obra en ti ¡la ha llevado a su culminación en la nueva Jerusalén celestial!”
Escrito por la Hermana Patricia Ann Thompson, CSC