En memoria cariñosa …
Hermana M. Peter Clare, CSC
(Imogene Anne Marie Berna)
Nacimiento: 1 de octubre de 1932
Profesión: 15 de agosto de 1954
Muerte: 6 de enero de 2010
Es un honor para mí estar en Saint Mary’s, y apreció muchísimo la invitación para presidir el funeral de la Hermana Peter Clare. Gracias por la invitación. Gracias, también, a todas las hermanas, enfermeras, ayudantes, terapeutas, nutricionistas, doctores que cuidaron de Peter Clare, y que me dieron también la bienvenida cuando iba de visita ahí. Creo que es maravilloso que Peter Clare muriera en la festividad del Hermano André, ya que ella, también, fue una humilde servidora. Su muerte también coincidió, apropiadamente, con la antigua fecha de la Epifanía, porque ella, también, era una manifestación de la gloria de Dios.
Conocemos muy poco sobre las figuras centrales de nuestras lecturas de hoy (Hechos 3:1-10 y Lucas 2:25-38). El mendigo que tenía que ser cargado cada día hasta la Puerta Hermosa del Templo - sabemos que pudo caminar sólo después que Pedro invocó el nombre de Jesús sobre él, pero no conocemos siquiera su nombre. Simeón y Ana, dos ancianos que en el pasado esperaron durante 30 años en el mismo Templo, sólo entran en la historia en la última etapa de sus vidas, probablemente poco antes de morir. A pesar de nuestra falta de información sobre ellos, atesoramos estas imágenes — de alguien que nunca antes camino saltando con alegría, despertando el asombro de los espectadores; de un anciano que carga al Salvador por el que estaba esperando y que luego le dice a Dios que está listo para irse; de una anciana y devota mujer que habló sobre Jesús a todos luego de conocerlo. Conocemos algunas cosas sobre estas personas, pero no mucho más.
De forma similar, me atrevería a adivinar que la mayoría de nosotros y nosotras no llegó a conocer a Peter Clare hasta la última etapa de su vida. Con un diagnostico de esclerosis múltiple, ella estuvo en Saint Mary’s de 1967 a 1975, luego estuvo unos años alejada antes de regresar en 1981. Algunas personas aquí la recuerdan en formación, o enseñanza, o en los descansos que tomó debido a su enfermedad en la década de los sesentas y setentas, pero la mayoría de nosotros llegó a conocerla en este lugar, luego que viniera a vivir aquí en 1981, y en 1981 vino para quedarse.
¡Y vaya que fue muy bueno que se quedara! Agradezco tanto a Dios que mi hermana Anne Marie fuera asignada para visitar a Peter Clare como estudiante de primer año en Saint Mary’s en 1982. Que bendición para mi familia fue que la eligieran — primero por la propia Anne Marie, que llego a conocer bien a una de las ‘alocadas monjas en silla de ruedas’ que se desplazaban veloces por el campus en esos días; luego por mí; y cuando yo me fui, por mi hermano Ken, un estudiante de Notre Dame, que también la visitaba. Cada uno de nosotras recuerda con cariño las tardes que pasamos con ella — juegos de cartas y risas, ella escuchando nuestros problemas, atendiendo sus maravillosas violetas africanas, yendo a caminar (rodar) por el campus cuando había buen tiempo, viendo los resultados de su trabajo a crochet – especialmente la asombrosa Arca de Noé que terminó en los ochentas, enorme, con muchas parejas de animales que se podían colocar en el interior.
Aunque normalmente jugábamos UNO®, a veces “mano y pie”, y últimamente Rummikub, hubo un breve periodo en que el “tiddlywinks” era el preferido. Tengo recuerdos vívidos jugando ese juego con ella y la Hermana Francelia. Ellas sacaban ventaja de mi presencia para jugar — ¡me usaban! — ya que yo podía recoger las piezas que caían por error en el suelo, adonde algunas de ellas iban invariablemente. Nos reíamos mucho jugando el tiddlywinks, especialmente una vez en que uno de los pequeños discos fue a parar dentro la blusa de alguien. (Ese disco no lo saque). Más recientemente, estuve muy agradecido de que la Hermana Josepha se haya hecho amiga de Peter Clare, tal como lo fue Francelia antes. Y el gran sentido del humor de Josepha hacía reír a Peter Clare mucho, se agitaba de alegría haciendo surgir esa niña que tenía dentro. Tendré la risa entrecortada, usualmente silenciosa de Peter Clare siempre en mi memoria.
Pero me estoy desviando del tema, ya que lo que realmente quiero aplaudir aquí y ahora es el arduo trabajo que Peter Clare debe haber hecho a nivel espiritual y emocional para llegar a ese punto en el que la mayoría de nosotros y nosotras la conocimos. Porque llegamos a conocer a Peter Clare ya tarde, y sólo después de una larga jornada. Debe haber sido muy difícil llegar a tal aceptación y satisfacción de cara a sus limitaciones. Después de todo, ésta era una mujer obstinadamente determinada, que como una joven muchacha llamada Imogene, rehusó aceptar la indiferencia religiosa de sus padres, se volvió católica y fue bautizada como Anne Marie; luego condujo a sus padres a la Iglesia y después, a pesar de las objeciones de su padre, se convirtió en una hermana de la Santa Cruz, nuestra Peter Clare.
Ella estudió para enseñar y así lo hizo, sólo para quedar incapacitada a los 30 años. Pero incluso esto no fue inmediato, ya que la enfermedad jugó con ella, dándole esperanzas y luego quitándoselas, por casi dos décadas hasta que su suerte quedó echada. ¿Quién sabe por cuánto resentimiento habrá atravesado? ¿Cuántas noches habrá pasado renegando de su destino, tratando de comprender la extraña providencia de Dios? Tal vez recordaba ser menospreciada por sus compañeras de clase debido a su fe católica — un menosprecio lo suficientemente dañino como para que las hermanas de la Santa Cruz facilitaran su transferencia a la Escuela Secundaria Judge Memorial. Uno puede imaginarla preguntándose si este sacrificio le debía haber servido para sacar algo de bueno. Una y otra vez entre 1962 y 1981, ver resurgir la esperanza debido a que sus fuerzas parecían retornar sólo para perderla por un nuevo ataque. Lo que vimos en ella fue el resultado de un largo y complejo proceso; un penoso proceso espiritual, una cruz cuyo peso variaba, pero nunca desaparecía.
Ocasionalmente tenía visiones fugaces de ese — cómo llamarlo — ¿Compromiso con su destino, en lugar de una simple aceptación de él? Ella a veces me confiaba cuando estaba decepcionada, o sentía algún resentimiento, o tristeza por la muerte de una querida hermana (la Hermana Francelia, y más recientemente la Hermana Thomas Anne), o por un miembro de la familia. Ella siempre trataba de que esto fuera motivo para considerar en qué debía seguir creciendo. Cuando sufría dolor, por ejemplo por un tic doloroso, o neuralgia del trigémino — un dolor repentino y punzante en el rostro, aparentemente debilitante — podía sentir su frustración. Tales momentos eran raros en mi presencia. Lo más memorable fue una ocasión en los ochentas en que ella y Francelia me dijeron que agradecían a Dios por sus aflicciones, lo que me dejo asombrado.
Lo que se veía en ella de forma abrumadora era su placidez, su alegría, su carácter alentador y juguetón. Era fácil amarla, y mi hermana, hermano y yo lo hicimos. Y lo hacemos.
La Hermana Peter Clare, como el mendigo de la primera lectura, tenía que ser cargada para poder moverse. Incapaz de caminar, el mendigo era llevado cada día para mendigar en la “Puerta Bella” del Templo y ahí encontró a Pedro y a Juan, recién vitalizados luego de Pentecostés. Peter Clare también era cargada repetidamente cada día por casi 30 años — desde la cama al baño a la silla de ruedas y de nuevo a la cama. Día tras día. El mendigo en Hechos de los Apóstoles caminó eventualmente, pero Peter Clare nunca lo hizo, al menos no después de su llegada aquí en 1981.
Sería tentador decir que yo (y muchos de nosotros y nosotras) nunca conocimos a Peter Clare mientras estuvo activa en ministerio. Pero eso sería errado. Ella estuvo muy activa en ministerio, haciendo ministerio conmigo y con muchas otras personas, durante todo el tiempo que la conocí. Si bien a ella la cargaban todo el tiempo, ella nos sostenía, o al menos me sostuvo a mí por muchos años en mi propia vocación. Creo que sostuvo a otros que están aquí, y a algunos que están aquí de forma invisible. Ella amaba a los sacerdotes — capellanes — de santa Cruz y hablaba con mucho cariño de Nick Langenderfer, Bernie Mullahy, Jim Trepanier, Jeff Cooper, y más recientemente de Jim Bracke. Mi impresión es que ellos, también, se sintieron sostenidos por ella. Ella no podía caminar, pero ayudó a las personas que conocía a caminar con más fe- fue una persona afectada por la enfermedad que se convirtió en una sanadora, de una forma gentil y amorosa.
Me gusta pensar que aún nos sostiene, tal como Simeón y Anna, que cargaron a Jesús en el templo ese día. Ella nos sostiene mientras danza y salta con alegría.
Maestro, has liberado a tu servidora. Permítele ir en paz. Pero ayúdala a que nos siga sosteniendo, ayudándonos a ver tu luz en nuestros recuerdos de ella, y en el mundo que ahora es mucho más brillante a causa de su estancia con nosotras y nosotros.
Gracias por Peter Clare, Oh Dios, y disfruta tus juegos con ella. Debes saber que sentimos celos de ella e incluso celos de ti.
Homilía de la Misa de Cuerpo Presente realizada por el Padre Paul Kollman, CSC
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El siguiente es un breve recuento biográfico de la Hermana Peter Clare describiendo sus antecedentes familiares y sus primeros ministerios.
La Hermana Peter Clare, Imogene Berna, nació el 1 de octubre de 1932 en Orem, Utah, de Harvey y Pearl Berna. Su padre era un metodista extremo que, citando a la Hermana Peter Clare, “no tenía palabras amables para los católicos”. Su madre no era una católica practicante en esa época, tal vez influenciada por la actitud negativa de su esposo. A la Hermana Peter Clare le sobrevive una hermana, Eileen, que todavía vive en Orem, Utah, una sobrina, y numerosas sobrinas nietas y sobrinos nietos.
Sus antecedentes religiosos ciertamente no la señalan en dirección a la vida religiosa, pero cuando estaba en la secundaria vio la película de 1945, “Las Campanas de Santa María”, con Bing Crosby y en Ingrid Bergman y esto despertó su interés en la religión. Estaba determinada a perseguir este interés y eventualmente fue referida para que contacte con las hermanas de la Santa Cruz en el Orfanato Saint Ann’s de Salt Lake City. Ahí conoció a la Hermana Suzanna y otras personas que la apoyaron y alentaron en su búsqueda religiosa. Los siguientes años permaneció en estrecho contacto con las hermanas, absorbiendo todo lo que podía aprender sobre el catolicismo y eventualmente fue bautizada. Todo su fervor por el conocimiento religioso fue recompensado cuando su madre regresó a la Iglesia Católica y su padre pronto le siguió. Este capítulo cierra con su ingreso a la congregación en 1951, nuevamente con la ayuda y apoyo de sus amigas en Saint Ann’s. El resto es historia.
Debido a la temprana aparición de la enfermedad de la Hermana Peter Clare, sus años de ministerio externo fueron limitados, podrían incluso considerarse intermitentes. Pasó cinco años enseñando en la Escuela St. Cyril’s de Tucson, Arizona, y fue trasladada luego a la Escuela Primaria Judge Memorial en Salt Lake City, donde enseñó por dos años más. Luego de un corto recrudecimiento de la enfermedad en 1962, fue a la Escuela Bishop Glass en Salt Lake City por otros cinco años donde tuvo el mismo nivel de compromiso con el ministerio pero con muchos problemas de salud recurrentes. Su lucha final para mantenerse activa terminó cuando regresó al Convento Saint Mary’s en 1981, dónde hizo lo que fuera que su salud le permitiera.
Las numerosas hermanas amigas de la Hermana Peter Clare extrañarán su sociable simpatía, y las enfermeras y asistentas que la cuidaban diariamente extrañarán su brillante sonrisa y el brillo de sus ojos. Ella es ahora una bendición para todas nosotras ahora en su felicidad libre de dolor en el cielo con su Señor. La Paz sea contigo, Peter Clare.
Escrito por la Hermana Margaret Ann Nowacki, CSC