Hermana M. Odile, CSC 

En memoria cariñosa …

Hermana M. Odile, CSC

(Marie Lindorfer) 
Nacimiento: 18 de mayo de 1915  
Profesión: 2 de febrero de 1948  
Muerte: 8 de abril de 2010  

Marie Lindorfer nació hace 95 años de John y Margaret Lindorfer, naturales de Grand Rapids, Michigan. Tenía dos hermanas mayores, ninguna llegó a casarse, ambas fallecieron antes que ella. Tenía también dos tías en Santa Cruz: la Hermana Ofelia y la Hermana Cordula. Ella era muy cercana a su tía música, la Hermana Cordula, y tal vez adquirió su amor por la música a través de esta relación. Se parecía también mucho a Cordula con su figura delgada y su porte elegante.

Aunque Marie trabajó como niñera antes de ingresar a Santa Cruz, no encontraba ese trabajo gratificante. En 1945, a la edad de 30 años, ingresó a Santa Cruz y se le dio el nombre de Hermana Odile. Tenía un carácter reservado y tímido, era 10 años mayor que la mayoría de nosotras en el grupo, aun así encajó muy bien con las demás. Las únicas otras diferencias que recuerdo es que el resto de nosotras hablábamos más, rompíamos el silencio más a menudo, y nos metíamos en problemas más frecuentemente. 

Odile fue asignada a la casa de los sacerdotes en el campus y, en total, pasó 37 años en el humilde y sencillo servicio de mantener limpia la rectoría y atender a los sacerdotes. También pasó varios años en la casa de retiro de Nuestra Señora de Santa Cruz en South Bend hasta que la cerraron. Luego, después de una estancia temporal en el Convento Basil Moreau, regresó al campus y más recientemente vivió en el Convento Reina de la Paz.

Durante mis visitas a lo largo de los años, Odile nunca se quejó de problemas de salud o de dificultades en su ministerio o comunidad. Era una persona muy introspectiva y reservada, y algunas de nosotras pudimos conocerla mejor pero sólo hasta cierto nivel. Me gustaba Odile pero sentía cierta reluctancia de su parte; ella no se sentía cómoda compartiendo historias sobre su vida y yo respetaba eso.

¿Quién fue nuestra hermana a la que tan pocas personas conocimos durante sus 65 años con nosotras?

Al observar la mayor parte de su vida en Saint Mary’s podríamos preguntarnos si Odile tomó un voto de estabilidad. Esta estabilidad refleja también una paz plasmada en la esencia de su ser. En tanto estuviera cumpliendo la voluntad de Dios para ella y haciendo la obra de Dios, encontraba paz y felicidad en Saint Mary’s y en los Conventos de Moreau y de Nuestra Señora de Santa Cruz. Esto se hacía evidente en su comportamiento y su ministerio del día a día. Me viene a la mente ese pasaje de las escrituras, por sus frutos los conoceréis.

Sus dedicados cuidadores nos contaron que vez que salían a cualquier lado, Odile siempre se hacía a un lado y esperaba que las demás personas salieran primero antes de seguirlas. Era modesta y humilde. Aunque su apariencia era correcta y seria, podías muchas veces encontrar una sonrisa o sentido del humor en su respuesta y, en especial, siempre recibías un agradecimiento de su parte. Su sentido de gratitud debe haber llenado de alegría a Dios, tal como lo expresa la historia de los 10 leprosos que fueron sanados y la tristeza de Jesús porque sólo uno de ellos pensó en regresar y agradecerle. Ella era una persona que te bendecía con su agradecimiento incluso por los asuntos más insignificantes.

Pudimos conocer también algo de su faceta divertido. Algunos años atrás, durante uno de nuestros “shows” del Capítulo General, el Padre Tom Feely, CSC, consiguió convencer a Odile para que actuara junto a él en “La mujer del Granjero”. Tom apareció en overoles, sombrero de paja y pipa y trajo a Odile vestida en una falda con volantes, un gran lazo rojo atándole el velo, y unas coloridas y brillantes medias a rayas. ¡Y bailaron juntos vestidos así! ¡El auditorio se vino abajo!

Había ciertas ocasiones en que Odile podía ser asertiva. Hace varios años cuando una de las hermanas de nuestro grupo acudió ante la presencia de Dios, parecía que Odile no podría ir a la Misa de Resurrección por esta hermana. Sin embargo, ella declaró con firmeza, “¡Ella estuvo en mi grupo, y quiero ir!”

Hemos sido bendecidas en Santa Cruz. Uno de los grandes dones que tenemos como miembros de la iglesia y como miembros de la familia religiosa de Santa Cruz es pertenecer a una comunidad de mujeres donde nuestra jornada conjunta en la fe se ve alentada, desafiada y sostenida por la presencia y testimonio mutuos de nuestras vidas. Hoy estamos profundamente agradecidas por la devota presencia y por el humilde testimonio de nuestra hermana Odile.

Una última historia de sus cuidadores. Cada tarde una miembro del personal estaba ahí para ayudarla cuando iba a la cama, Odile con frecuencia le decía, “Cuando necesites algo espero que alguien está ahí para atenderte”.

Estar con Odile el Sábado Santo fue una bendición, ya que algunas personas pensaban que ella podía ir el encuentro de Dios durante la Pascua de Resurrección.  Cuando supe que ella estaba mejor, fui al Supermercado Martin’s y compre el bouquet primaveral más bonito y brillante que pude encontrar. Cuando le lleve las flores, Odile las admiraba mientras yo le decía que este brillante arreglo floral reflejaba la belleza de Dios y su amor por ella. Miró el bouquet con admiración, sonrió y me dijo “Gracias”.

Cada vez que le preguntaba si sentía dolor, me respondía que no. Cuando después escuché que ella había rehusado el oxigeno y cualquier otra medicación supe que su tiempo con nosotras estaba llegando a su fin. Me pregunto qué tipo de conversación estará teniendo con su Dios. Tal vez… “Aquí estoy Dios. Estoy lista. Lo que sea que desees tú, yo también lo deseo”. Ella se fue con Dios, horas después, tan serena y pacíficamente como cuando ingresó a Santa Cruz con nosotras.

Oramos para que nosotras también, como Odile, podamos siempre hallar nuestra paz cumpliendo la voluntad de Dios – sin importar lo grande o mundano que pueda ser esto.

Escrito por la Hermana Michaeleen Frieders, CSC

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