Hermana M. Joel, CSC 

En memoria cariñosa …

Hermana M. Joel, CSC

(Helen Gertrude Pax)
Nacimiento: 25 de noviembre de 1921
Profesión: 2 de febrero de 1945
Muerte: 20 de noviembre de 2009

Este memento fue escrito por la Hermana Maris (Bonnet) a quien le hubiese gustado estar aquí con nosotras ahora que rendimos nuestro último tributo a su querida amiga, la Hermana Joel.

Para apreciar la verdadera belleza de la Hermana Joel uno debe verla como Helen Pax, una pequeña niña cuya vida en la granja con su familia siguió siendo por siempre una estructura de su vida. Helen nació en una amorosa familia de personas muy trabajadoras, su padre, Jacob Pax, y su madre, Annette (Nettie para las personas que la querían), tenían una granja en Ohio. Ellos tenían seis hijos y seis hijas, todas y todos nacieron en casa. Paul era el mayor seguido de Henry, Helen (Hermana Joel), James, Mary, Grace, Clyde, Adeline, Dorothy y Joan. Todas esas manos eran necesarias para aliviar el trabajo que demandaba una casa tan grande. Todas y todos trabajaban. Lo que sea que hubiera que hacer, Helen estaba ahí para ayudar. Incluso aprendió cómo ordeñar vacas y criar pollos.

El Sr. Pax y los muchachos hacían el trabajo más difícil en la granja de la familia. Construyeron graneros, una cocina exterior e hicieron una ampliación a la vieja casa grande, criaban vacas y cuidaban de varios cultivos. El Sr. Pax era un hombre sabio y práctico que tenía un don para experimentar con todo lo que hacía la vida y los cultivos más productivos. Una vez cultivó una gran extensión de frijol de soya. Experimentó para ver cómo se podrían usar los frijoles de soya. Joan, una de sus hijas, no podía tomar leche debido a su intolerancia a la lactosa. Él descubrió que el líquido del frijol de soya podía reemplazar a la leche; sin embargo y desafortunadamente, no reservó los derechos de invención para su fórmula.

De su padre, Helen aprendió  a ser una “científica educada en casa”. Amaba la naturaleza y parecía casi ser parte del suelo, los campos, las rocas, los animales, las flores. Tenía una mente inquisitiva y siempre quería saber los porqués y los cómos de las cosas. Seguía cuestionando hasta que tuviera una solución que le dejara en paz.

De Nettie Pax, su madre, una persona de voz suave, Helen aprendió a ser práctica, frugal y domestica. Su madre enseñó a las niñas como cuidar de la familia y el hogar.

Helen, desde su temprana infancia, absorbió los dones y talentos de sus padres para llegar a ser ella misma. Era una niña normal, juguetona, que le gustaba pasar buenos momentos. Se sentía bien consigo misma y con que hubiera personas acompañándola en casa. Ella y su hermana Mary eran próximas en edad y se divertían juntas, hablando y discutiendo como suelen hacer las hermanas. A Helen le gustaba bromear con Mary. Una vez mientras se divertían Mary pisó de casualidad una herida en el pie de Helen. Helen se fue inmediatamente a la cocina exterior para esconder sus lágrimas y que Mary no la viera llorar. Un pequeño incidente sin duda, pero mostraba una característica significativa de Helen. Era el brote de su persona como una tenaz mujer. Ella aprendió a asumir sus sufrimientos, a reflexionar en ellos, y a transformarlos en actitudes positivas y de perdón.

Luego de graduarse de secundaria, Helen tomó un trabajo como ama de llaves para un doctor y su familia en Coldwater, Ohio. Helen trabajó ahí durante tres años a $7 por semana, cama adentro. Los fines de semanas y feriados Helen se iba a casa con su familia. Ella y su hermana Mary siguieron acompañándose cariñosamente, y divirtiéndose juntas.

Luego de tres años Helen comenzó a reflexionar sobre su vocación religiosa. La familia tenía una conexión estrecha con las comunidades de la Preciosa Sangre, pero ella no siguió ese camino.  Leyó un artículo en el Magazine Sacred Heart sobre las Hermanas de la Santa Cruz en Saint Mary’s, Notre Dame, Indiana. Helen no conocía a las Hermanas de la Santa Cruz pero se sintió interesada. Escribió a Saint Mary’s para informarse y la propia Hermana Madeleva respondió a la consulta yendo a visitar a Helen y a su familia en la granja. La Hermana Madeleva comentó la visita diciendo que si la familia se tomó la molestia de averiguar sobre las Hermanas de la Santa Cruz, ella se tomaría la molestia de visitarlos en su hogar. Eventualmente, Helen fue al Hospital Mount Carmel en Columbus, Ohio, para encontrarse con la Madre Constantine, y en 1942 ingresó a la comunidad y recibió el nombre de Hermana Mary Joel.

En los primeros años de formación en Saint Mary’s a la Hermana Joel se le dio el encargo de obediencia de hacer tocas. Se cuenta la historia de que mientras hacia una toca le dijeron que no estaba bien del todo y que la hiciera de nuevo. En ese momento, tal vez la Hermana Joel se haya sentido infeliz, desalentada y extrañando su hogar y le respondió a la hermana a cargo, manifestando su tristeza. La sabia hermana le dijo, “Si se nos unió para ser feliz tal vez necesite cambiar de actitud para que pueda serlo”. Eso pareció ser un momento de gracia. La Hermana Joel reflexionaba frecuentemente en su actitud y estaba abierta al cambio. Cuando llegó a estar bien consigo misma, hubo un notable cambio de actitud, hacía una actitud de paz.

Una de las primeras misiones de la Herman Joel fue en la Escuela Blessed Sacrament en Alexandria, Virginia. El área era todavía rural, lo que le dio la oportunidad de tomar largas caminatas en el campo. Le encantaba caminar, y tomar largos paseos ya que esto le ayudaba a aclarar su mente y espíritu. Cada día las hermanas caminaban a la iglesia para la primera Misa y de regreso a casa  para el desayuno, luego ella caminaba a la escuela y de regreso a casa nuevamente en la tarde. Toda esa caminata era muy del agrado de la Hermana Joel.

Clyde, el hermano de la Hermana Joel y su reciente esposa, Ann, vinieron a visitar a la Hermana Joel mientras estaba en Virginia. Fue una visita sorpresa, y ya que la Hermana Joel no pudo ir a su boda, los recién casados fueron adonde ella. Ann trajo incluso su vestido de novia para mostrárselo a la Hermana Joel. Por esa visita las hermanas de la comunidad local supieron con certeza del gran afecto reciproco en su familia.

Durante la mayor parte de sus años de ministerio educativo la Hermana Joel enseñó ciencias a estudiantes de octavo grado. Había gentileza en ella pero también había tenacidad. La Hermana Joel tenía una fortaleza interior que podía romper las rocas más duras. Las y los estudiantes la reverenciaban. Con ella aprendieron a ser innovadoras, a cuestionar, a valorar los hechos y proposiciones científicas. Destacaron en las ferias de ciencia.  Se les contagio mucho de su amor por la madre tierra. Sus estudiantes aprendieron que era tan importante cuidar la tierra y su medioambiente como lo era cuidar y respetar a las personas y ser leales con el deber.

El Concilio Vaticano Segundo fue un tiempo de gracia en su época, no sólo para la iglesia sino para la Hermana Joel también. Ella llevó a su corazón el decreto sobre la renovación de la vida religiosa. El documento instaba a las religiosas y religiosos a ser leales al carisma de sus fundadoras y fundadores y a ajustarse a las necesidades de los tiempos cambiantes en la iglesia moderna. Siendo una mujer de oración, la Hermana Joel abrió su mente y su corazón a lo que la iglesia y el Señor le llamaran a hacer. Se involucró en la oración carismática e hizo retiros con diversos grupos. A través de esto se volvió más abierta para asumir el riesgo de dejar el ministerio educativo. Luego de orar mucho, dejó lo que conocía mejor y comenzó a realizar ministerio por las necesidades de las personas pobres en las colinas de Kentucky, trabajando con la Hermana Joan Van Osdol. Una de sus alegrías de estar en Kentucky era la cercanía física con su hermano Henry, quién venía con frecuencia a visitarla – ese fue sólo otro ejemplo de sus estrechos lazos familiares.

Luego de una caída sobre el hielo durante una de sus caminatas por el pueblo, se vio forzada a dejar Kentucky y a regresar al área de Washington donde el Señor la llamaba, una vez más, en otra dirección. Esta vez para ser cocinera en la Mary’s Casa, una residencia recién construida para personas de bajos ingresos. El nuevo ministerio cerró el círculo para la Hermana Joel, de regreso a sus días y deberes en la granja de su familia. Ahí cocinaba, planeaba las comidas, servía a las personas, realizaba las compras y veía que los cuartos estuvieran limpios y decorados para las festividades. Cuidaba personalmente de cada residente y pronto llegaba a conocerlas y conocerlos, y a conocer a sus familias.

Mientras hacía ministerio en la Mary’s Casa, la Hermana Joel celebró su jubileo de oro. Como un regalo sorpresa su familia le confeccionó una colcha. Mary y Dorothy, dos de sus hermanas, armaron la colcha pero dieron instrucciones a cada hermana y hermano para que hicieran un parche que fuera único. Las sobrinas, sobrinas, sobrinas nietas y sobrinos nietos también se lo tomaron en serio. Hicieron parches que expresaban formas para que la Hermana Joel los recordara y para agradecerle por hacer experimentos de ciencia con ellas y ellos cuando los visitaba durante sus vacaciones de verano. La colcha fue la alegría y el orgullo de su vida. La mostraba a todas las personas que venían a visitarla a la Mary’s Casa. (Se exhibe ahora en la mesa de los recuerdos en la Sala de Reuniones).

La Hermana Joel siguió con su afectuoso ministerio a las y los residentes de Mary’s House durante años, pero luego de alcanzar su jubileo de diamante se dio cuenta de que su salud ya no le permitía permanecer ahí. Así que se retiro a Saint Mary’s en Indiana. Fue ahí con nobleza y dispuesta a encontrar formas para servir. Por tanto tiempo como le fue posible sirvió con dedicación a las especiales hermanas en el Convento Reina de la Paz hasta que finalmente ella misma pasó a residir ahí.

Memento leído por la Hermana Margaret Anna Nowacki, que concluyó con lo siguiente:

La Hermana Joel será recordada por su amor y devoción para con su familia y su comunidad. Ella nunca pensó en sus necesidades,  sino que siempre buscó formas para estar al servicio del prójimo. Su profunda vida de oración y su profundo amor por Dios la llevaron a los brazos de este amoroso Dios, ahí siempre caminará junto a Él por toda la eternidad. Hermana Joel, ahora puede descansar en paz de sus labores, oh buena y fiel servidora. Descanse en paz.

Escrito por la Hermana Maris Bonnett, CSC

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