Hermana Eileen Malloy, CSC 

En memoria cariñosa …

Hermana Eileen Malloy, CSC

(Hermana John Mary)
Nacimiento: 8 de diciembre de 1933
Profesión: 15 de agosto de 1955
Muerte: 23 de marzo de 2009

Al comenzar nuestro equipo de Liderazgo de Área a asimilar la noticia de la repentina muerte de la Hermana Eileen Malloy la semana pasada, pequeños fragmentos de reconocimiento fueron surgiendo conforme las personas que habían conocido a Eileen, una tras otra, hablaban acerca de lo que su vida había significado para ellas. Una cualidad mencionada una y otra vez fue cómo Eileen planeaba con anticipación para que otras personas no tuvieran que encargarse de cosas de las que ella ya se había encargado. Y eso fue justamente lo que hizo en esto que ahora compartiré con ustedes. En el archivo de Eileen descubrimos una carta que escribió en marzo de 1998 a la Hermana Campion diciendo “que ella no quería dejar al azar a la persona que se hiciera presente para hablar acerca de su llamada para servir a Dios” en el momento de su funeral. Ella lo quería hacer por sí misma.

Es respetando esta petición que compartiré la reflexión de Eileen sobre su vida, añadiendo sólo algunos comentarios adicionales con respecto a los últimos años (en cursivas), comentarios que son posteriores a lo que ella escribió.

La Hermana Eileen Malloy (Hermana John Mary) nació el 8 de diciembre de 1933 en Washington, D.C., de Juan y JoAnna Malloy. Eilleen fue la menor de dos hermanas. Fue educada en la Escuela Particular St. Cecilia’s, en la Escuela Primaria St. Anthony’s y en la Escuela Particular St. Patrick’s. Luego de la muerte de su madre, Eileen fue a vivir con la hermana mayor de su madre y con el esposo de ella, Nellie y Jack Welch.

Luego de graduarse de secundaria Eileen ingresó a la Congregación de las Hermanas de la Santa Cruz. En los primeros años de su formación se decidió que sería educada como docente. Eileen prestó servicio en escuelas durante 34 años enseñando en escuelas del primer al doceavo grado en Washington, D.C.; Notre Dame, Indiana; Nueva York, Nueva York; Norfolk, Virginia; Raleigh, Carolina del Norte; Lancaster, Pennsylvania; Greenbelt, Maryland; Falls Church, Virginia; Long Beach, California; Salt Lake City, Utah; Modesto, California; Santa Ana, California; y en Nueva Orleans, Louisiana.

Eileen creía en la colaboración con otras ramas de Santa Cruz como una forma de plasmar la visión del Padre Moreau. Vivió con las Marianitas y enseñó en la Escuela Particular Holy Angels de Nueva Orleans.  Asistía frecuentemente a la Conferencia sobre la Historia de Santa Cruz y a los encuentros de Mujeres de Santa Cruz.

Hubo decepciones que Eileen experimentó en la comunidad. Los cambios en las estructuras de vida comunitaria luego del Concilio Vaticano Segundo fueron difíciles para ella. Estuvo en exclaustración durante dos años y medio. Durante ese tiempo creció su convicción personal de que había sido llamada por Dios para hacer su obra y la intensa comprensión de esto la hizo retornar a Santa Cruz. Al regresar a la congregación habló positivamente acerca de su llamada y eventualmente fue nombrada directora vocacional de la Región Oeste. Siguiendo su profunda pasión por el ministerio vocacional, Eileen aceptó un puesto en 1991 en la Diócesis de Des Moines, Iowa, el puesto de directora asociada para las vocaciones. Esta diócesis y las personas en ella se convertirían en la alegría de su vida y ministerio durante los siguientes 19 años.

Durante su tiempo en el ministerio vocacional Eileen escribió materiales de orientación vocacional que luego usarían docentes en escuelas católicas y clases de educación religiosa: planes de clases, folletos para niñas y una unidad titulada “Juntas Servimos”.

En 1998, Eileen se trasladó a un nuevo ministerio dentro de la Diócesis en la Parroquia St. Patrick’s de Missouri Valley, Iowa, donde fue directora de educación religiosa. Missouri Valley es un pequeño pueblo rural al suroeste de Iowa, a unas 25 millas de Omaha. De hecho, y como en cualquier ministerio en un pueblo pequeño, Eileen era especialista en realizar múltiples tareas a la vez. Fue coordinadora de RCIA, líder catequista, coordinadora de formación de fe para adultos, coordinadora de liturgia así como profesora de religión en la escuela. Los tributos rendidos por su pastor, el personal y los feligreses ante la pena por su repentina perdida durante esta semana que pasó son un valioso testimonio de cuán profundamente había tocado Eileen sus vidas y de cuánto les había ayudado de tantas maneras significativas durante los últimos 11 años.

Uno de los mayores pesares en la vida de Eileen fue la ausencia de mujeres que respondieran a Santa Cruz en los Estados unidos. Al estar siempre agradecida por su propia llamada, siguió creyendo que había mujeres llamadas a la vida religiosa, y se le hizo muy penoso observar el decaimiento de Santa Cruz en los Estados Unidos. En su rosario pedía cada día por vocaciones: por una mayor comprensión y aceptación de la llamada de Dios al sacerdocio y a la vida religiosa; por coraje en la convicción de las personas en formación; por las personas en preparación para ser ordenadas o para hacer sus votos; por valor para que los sacerdotes y los religiosos y religiosas profesas vivieran su compromiso; por gracia para resolver los problemas que se presentan cuando cada quien vive su compromiso.

Eillen nunca hizo nada de gran importancia de acuerdo al criterio de las personas. Ella hizo ministerio en el pueblo de Dios, hizo la obra de Dios empleando los talentos que había recibido.

Esto culmina la reflexión personal de Eileen. No puedo dejar que tenga la última palabra. En una entrevista con ella, que fue publicada en el Des Moines Catholic Mirror de octubre de 2006, el entrevistador relata cómo el hecho de que se le diagnostique cáncer, el tratamiento de esta enfermedad y una reemplazo fallido de rodilla, no habían disminuido su entusiasmo o su compromiso a servir. En lugar de eso siguió con la tenacidad del Conejito de Energizer, sin perder ni un momento, y fue una inspiración para todas las personas que la rodeaban. Este relato cita al superintendente de escuelas de la diócesis. “Si llegara el día en que el Señor quisiera llamar a la Hermana Eileen a su hogar en el cielo”, dijo, “Dios tendrá que llevársela al vuelo mientras ella sigue a la carrera”.

Supongo que eso fue exactamente lo que  Dios hizo.

Escrito por la Hermana Mary Ellen Vaughan, CSC

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