Hermana Catherine de Ricci, CSC 

En memoria cariñosa …

Hermana Catherine de Ricci, CSC

(Dorothy Josephine Bartels)
Nacimiento: 13 de enero de 1926
Profesión: 2 de febrero de 1951
Muerte: 25 de julio de 2009

“Dejad que los niños vengan a mí… Y Jesús los bendijo”. Durante su vida dedicada a la educación en Santa Cruz, Catherine bendijo a cientos de niñas y niños pequeños con su compasión y su amoroso cuidado.

Catherine nació el 13 de enero de 1926 de Harold y Catherine Bartels, en Rutherford, New Jersey, era la cuarta hija de una familia de ocho. Bautizada como Dorothy Josephine, ella pronto recibió a dos hermanas y dos hermanos más. Su educación tuvo lugar en New Jersey y en la Universidad Dunbarton de Washington, D.C. Posteriormente recibió un grado de máster de la Escuela Saint Mary’s de Teología en Notre Dame, Indiana.

Catherine de Ricci fue educadora, administradora, formadora y amante de las niñas y niños. Fue, en especial, una compasiva defensora de aquellos infantes con problemas de desarrollo. El hecho de que su propio hermano, Paul Bartels, tuviera problemas de desarrollo, puede haber influido en el especial amor y preocupación que tenía Catherine por estas niñas y niños que viven con discapacidades y engendró en ella una profunda devoción y un espíritu especial para tocar las necesidades de todas las personas.

Desde una edad temprana, Catherine sintió una especial atracción por la vida religiosa, la que se hizo más evidente cuando asistía a la Universidad Dunbarton. La Hermana Monica influyó especialmente durante esos años universitarios. Su interés en política, eventos mundiales y economía  y en su impacto sobre los pobres y marginados se profundizo a través de la experiencia de acompañar al capellán de la universidad en trabajos de extensión social.

Luego de graduarse su padre insistió en que trabajara por un tiempo y de hecho fue empleada por la revista Woman’s Day en la Ciudad de Nueva York como corresponsal de lectura de correos. Durante esta época, debido a su interés por el trabajo misionero, exploró las hermanas de Maryknoll en Ossining, Nueva York. Sin embargo, cuando terminó su experiencia en la Ciudad de Nueva York en 1948, decidió ingresar a las Hermanas de la Santa Cruz. Fue recibida en el noviciado en 1949, hizo votos temporales en 1951 y su profesión final en 1954.

Asignada en 1951 para enseñar en la Escuela St. Catherine’s de Columbus, Ohio, Catherine se abocó seriamente a su trabajo profesional, como una profesora dedicada, estricta pero comprensiva con sus estudiantes. Era muy bien organizada, disciplinada y justa con sus estudiantes, esperando que cubrieran sus estándares de excelencia conforme a sus capacidades individuales. 

En 1954 fue asignada a Brasil, donde impulsó el desarrollo de su espíritu misionero. Se le pidió que enseñara en la escuela primaria de las Hermanas de la Santa Cruz en Vila Betânia y pronto asumió el rol de directora del nivel primario de la escuela. La Hermana Olivette, directora y superiora, escribió acerca de ella, “Puedo verla haciendo sonar la campana y formando a l@s niñ@s en el recreo, lista para ingresar nuevamente a las aulas, o en las mañanas luego que llegaban los buses. Era una directora enérgica y capaz con un buen sentido de la disciplina. L@s niñ@s la respetaban y la querían. Mi impresión era, que aun siendo exigente, l@s niñ@s la querían. Los padres parecían confiar y gustar de su estilo que era a veces brusco pero efectivo”.

En 1964, los sacerdotes redentoristas de Telêmaco Borba invitaron a la congregación a aceptar la dirección de la Escuela Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Telêmaco Borba, Paraná. Allí Catherine cumplió diligentemente su compromiso como directora y profesora de la escuela primaria hasta 1966.

A comienzos de 1966 la Hermana Charlita en Vila Betânia recibió una llamada telefónica de la Hermana Olivette, consejera general, pidiéndole que contactara con la Hermana Catherine en Telêmaco Borba. Esta conversación telefónica pretendía mantenerse confidencial. Pero como podía serlo, ¡ con ambas hermanas gritando por turnos para poderse escuchar! Catherine estaba siendo llamada a servir en Uganda. La Hermana Olivette estaba preguntando si ella estaría de acuerdo en ir a África a comenzar una misión de la congregación en Uganda, África Oriental. Catherine aceptó este desafío sin dudarlo mucho. Ella respondía característicamente con fe en la voluntad de Dios, lista y dispuesta a ir donde se le necesitara y a hacer lo que fuera necesario hacer.

El 12 de febrero de 1967, las Hermanas Olivette, Catherine de Ricci, y Patricia Gantz de Bangladesh se encontraron en Roma y volaron hacía Uganda al día siguiente. A pedido del Obispo McCauley, CSC, obispo de la Diócesis de Fort Portal, las hermanas iniciaron la nueva misión de Santa Cruz. El Obispo McCauley quería que las hermanas Banyatereza, las hermanas africanas locales, estuvieran mejor preparadas para las necesidades de la iglesia en Uganda. Él vio su educación como un elemento esencial de este trabajo. La mayoría de estudiantes en la Escuela Maria Goretti en los niveles Senior I y II eran hermanas Banyatereza. Catherine fue nombrada superiora y directora de la escuela. Era una organizadora habilidosa y pronto tuvo a la escuela operando a toda máquina. También inició un programa de extensión catecúmeno. Cada domingo las estudiantes, con planes de estudio en mano, salían a las diversas iglesias en las aldeas para enseñar el catecismo a estudiantes de escuelas primarias. Catherine también daba consejo a sacerdotes parroquiales acerca de cómo organizar la parroquia de forma más eficiente. Los hombres de Santa Cruz la llamaban afectuosamente la “Mariscal de Campo”.

El Padre Cribble, en su libro sobre el Obispo McCauley, lo cita diciendo:

“Las Hermanas de la Santa Cruz en Fort Portal están haciendo un magnífico trabajo; la Hermana Catherine de Ricci es una formidable misionera. Ella y las otras Hermanas han llevado a la Escuela Maria Goretti a un elevado estándar en muy poco tiempo. Estamos todos complacidos y encantados con el trabajo que están haciendo; no sólo por nuestras Hermanas Banyatereza y las aspirantes, sino también por todas las jóvenes de la región”.

Luego de cinco años en África, Catherine regresó a Brasil para enseñar en el Colégio Santa Maria, antes de ser asignada nuevamente para enseñar en la escuela de Telêmaco Borba. Allí instruyó a profesoras y profesores asignados por el distrito escolar de la ciudad, formando una generación de docentes y administradoras calificadas.

Ella pronto percibió la cantidad de niñas y niños con discapacidades auditivas y fundó un programa computarizad para personas sordas, que habilitó en habitaciones libres del convento. Gracias a esta participación se dio cuenta de las necesidades de otras niñas y niños con problemas de desarrollo en el área y unió fuerzas con la APAE, la Asociación de Padres y Amigos de las Niñas y Niños Discapacitados del país. Organizó un espacio para que estas niñas y niños se reunieran y recibieran ayuda, y congregó a hombres y mujeres de la comunidad local para formar una junta directiva y un equipo administrativo. Este pequeño comienzo pronto se convirtió en una escuela alterna para personas con problemas mentales, físicos y emocionales. La familia de Catherine y otras amigas y amigos financiaron la construcción de la nueva escuela que actualmente lleva su legado.

Además de esta escuela para personas con discapacidades, ella fue motivadora y facilitadora para el establecimiento de cinco escuelas adicionales para personas discapacitadas en los países vecinos. Una vez establecidas, la Hermana Catherine comenzó a formar docentes para atender las necesidades de las personas sordas. El programa creció y ahora se incluye en el sistema escolar regular. Su energía e impulso para lograr sus metas, trajo apertura, civismo y paz a cientos de niñas, niños y familias que no sabían cómo tratar con las personas que tienen limitaciones. Ella se entregó de una forma generosa y creativa hasta el último momento en Telêmaco Borba. Fue mediadora en momentos de crisis políticas, injusticias y pruebas, resolviendo situaciones difíciles. Su entrega, y sus ingeniosos dones dejaron una marca indeleble en las personas de Telêmaco Borba.

La Hermana Catherine fue una ávida lectora y se interesaba mucho en la historia, eventos de la actualidad y misterios. Le encantaba caminar y siempre a un paso rápido que a otras personas se les hacía difícil seguir. Su compasión, amorosa preocupación por los demás e incansables esfuerzos hicieron que se ganara a todas las personas con las que vivió y trabajó. Hace poco, un joven, Lucas, que vive en Telêmaco Borba, cruzando la calle desde donde están las hermanas y que conocía a la Hermana Catherine desde que era un niño que empezaba a caminar, se detuvo en Saint Mary’s durante un breve tiempo para visitarla. Él estaba contento de poder hablar con su antigua maestra y buena amiga.

En su comunidad local de Santa Cruz, Catherine compartió en la vida comunitaria de las hermanas, en sus oraciones, comidas y recreación conjuntas. Su interés en la repostería entraba en acción los fines de semana cuando hacía los rollos de canela más deliciosos para el desayuno del domingo. Las hermanas esperaban este manjar durante toda semana.

Las hermanas en Paraná, Rose Martin y Maria Cecilia, compartieron sus recuerdos de vida con Catherine: ellas percibían que ya desde sus primeros años de vida familiar, ella tenía una vocación y un don como educadora. La Hermana Catherine incorporó este espíritu desde tierna edad y se convirtió en una mujer muy compasiva dispuesta a ayudar a otras personas a superar y compensar sus discapacidades.

Aquí en Saint Mary’s Catherine de Ricci pasó su tiempo serenamente orando por sus amigas y amigos en Brasil y por todas las intenciones mencionadas en los anuncios matutinos. Aunque rara vez se enfrascaba en una animada conversación sobre sus experiencias de vida, la bella sonrisa de Catherine, su conducta paciente y la aceptación voluntaria de sus limitaciones transmitían muy bien su paz interior y su siempre devota aceptación de la voluntad de Dios para ella.

La Hermana Madeline Therese, quien conoció bien a Catherine en Brasil y la visitaba diariamente luego de su regreso a Saint Mary’s, dijo de ella: “Las palabras que escuche con más frecuencia de sus labios eran palabras de gran aprecio por todo el cuidado que recibía, por las buenas comidas que le ofrecían aun cuando comiera tan poco. Nunca escuche de ella una sola crítica, ni una sola queja por el dolor que experimentaba. Sólo cuando le preguntaba directamente admitía sentir dolor y soledad. Ella lidiaba con estas sensaciones escuchando atentamente CNN y todas las noticias del día. Sus hermanas, Bernice y Jane, la mantenían informada sin falta de los asuntos familiares, y las hermanas y estudiantes que se detenían a saludarla le traían alegres novedades del día. Estos últimos años Catherine prosiguió su misión en Santa Cruz en oración y en testimonio de su agradecimiento por una vida plena y productiva en Santa Cruz. Con una bella sonrisa decía  ‘te agradezco’ a cada persona que venía a atenderla o simplemente a saludarla”.

Escrito por la Hermana Aline Marie Steuer, CSC

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