En memoria cariñosa …
Hermana Anne Miriam, CSC
(Anne Barrett Hunt)
Nacimiento: 20 de febrero de 1919
Profesión: 2 de febrero de 1945
Muerte: 9 de julio de 2009
Nacida en la Ciudad de Nueva York, Anne Miriam era la única hija de Bert y Bessie Hunt, debido a la profesión de su padre como abogado del Departamento de Asuntos Exteriores de los EE.UU fue una viajera cosmopolita desde sus primeros momentos. Pasó varios años de su infancia en Colombia y Brasil y posteriormente acudió a la Academia de Santa Cruz y a la Universidad Dunbarton en Washington, D.C., donde se sintió atraída a Santa Cruz y eventualmente ingresó a la comunidad. Estos eran los años de la guerra y Anne se unió al cuerpo de jóvenes hermanas enviadas a Mount Carmel a entrenarse como enfermeras. Anne pasó 28 años de ministerio como enfermera, directora de enfermería y de las escuelas de enfermería en diversos hospitales de Santa Cruz, incluyendo Mount Carmel en Columbus, Ohio; Saint John’s en Anderson, Indiana; Saint Mary’s Convent; y fue parte del grupo de hermanas de Santa Cruz que abrieron el Hospital Holy Cross en Silver Spring, Maryland.
Era una mujer de gran fervor y energía, de indescriptible generosidad y una visionaria que veía posibilidades mucho antes de que muchas de nosotras fuéramos capaces de imaginarlas. Su espiritualidad era profunda y, como pasa con muchas de nosotras, estaba moldeada y alimentada en el crisol del sufrimiento.
Mi historia favorita que ilustra tanto su fe como su estilo personal es de cuando ella servía en Anderson. Aunque se había publicado bien su disponibilidad, el puesto de coordinadora de enfermería para sala de urgencia había estado vacante por muchos meses. Anne se estaba sintiendo algo desesperada y fue entonces a la capilla y literalmente aporreó la puerta del tabernáculo orando, “¡Señor, Tienes que encontrarme una enfermera para la sala de urgencias!” Cuando regresó a su oficina encontró a una enfermera que dijo haber llegado recién a preguntar por un puesto de enfermería y si de casualidad había alguna vacante en el departamento de urgencias.
El ministerio de sanación de Anne cambió de rumbo cuando la Hermana Michaeleen Frieders la alentó a servir en el movimiento por un Mundo Mejor, donde Anne viajó con un equipo de directores y directoras de retiros a varias parroquias en los Estados Unidos y a Barbados, Trinidad y Guyana. Luego de cinco años en este ministerio, aceptó la invitación como directora del Centro de Retiro Bon Secours en Marriottsville, Maryland. Mientras servía en este puesto obtuvo un grado en la emergente disciplina de consejería pastoral. Por unos doce años sirvió en la parroquia de Saint Dominic en Washington, D.C., brindando dirección espiritual y consejería pastoral para las personas que buscaban estos servicios. Un ministerio algo solitario para esta sociable mujer, ella empleó estas horas de tiempo silencioso devorando y digiriendo libros sobre oración y espiritualidad.
Durante estos años ella también se vio atraída por su mayor pasión, el ministerio del payaso. Es así que “Flutterby” nació y alegró los corazones de cientos de personas. De alguna forma pienso que Flutterby capturó la paradoja de los dones de Anne y de su aceptación de la cruz. Esta mujer tan extrovertida acogió el ministerio no verbal del payaso. Ella podía estar llorando por dentro, pero lo experimentaban las personas al conocer a Flutterby era alegría y un ilimitado suministro de besos de caramelo de su bolsa de payaso en forma de corazón.
Desde los setentas hasta los noventas Anne también defendió y participó en el desarrollo de vocaciones. Prestó sus dones de oración y danza y una fuente aparentemente inagotable de ideas a esta aventura. Muchas de sus amigas y amigos se beneficiaron de la extraordinaria generosidad del fideicomiso restringido que su madre le dejó para viajes.
Para mí la palabra que define a Anne es “abbomdanza” (abundancia). Ya sea que estuviera preparando una comida especial para sus comunidades en Silver Spring, saltando precipitadamente al carro para buscar a alguien necesitado o por cualquier actividad que alentara las vocaciones, ella mantenía un inagotable entusiasmo por la vida y por el hecho de vivir incluso cuando su capacidad de escuchar y de ver disminuyeron y finalmente le fueron privadas del todo. “Nunca veras este día de nuevo”, así citaba ella a su madre.
La prolongada enfermedad de Anne me recordó su íntima familiaridad con el misterio de la cruz: Ella era una hija única que ansiaba estar con personas incluso cuando muchas veces no se le comprendiera debido a su extrema extroversión. Ella tenía una extravagante generosidad y expresaba intrépidamente su verdad incluso con los problemas que tuvo por momentos en su edad madura. Hacía el fin de su vida, tuvo combates profundos y paralizantes con la depresión cuando se vio finalmente privada de los estímulos visuales y auditivos que con tan ávidamente devoraba y compartía, y de esta forma se sumergió en su tiempo final de permanencia con su Señor – esa comunión de disminución tan bellamente descrita por Chardin. Sólo podemos empezar a suponer cuán fuerte podía ser su Dios en la debilidad de Anne durante los últimos años. Y conociendo a Anee, sus atentas y compasivas cuidadoras pueden esperar algunas sorpresas de gratitud de esta generosa mujer ahora que se encuentra libre y completamente restaurada en el cielo – donde tenemos a nuestra propia Santa Flutterby.
Anne nos ha bendecido a todas de tantas maneras y hoy oramos con ella: “Gloria a Dios cuyo poder actuando en nosotras puede hacer infinitamente más de lo que podemos pedir o imaginar”.
Escrito por la Hermana Rachel Anne Callahan, CSC